jueves, 25 de septiembre de 2014

EL LADO OSCURO DE LA EDUCACIÓN


George Tooker, Landscape with figures, 1966
George Tooker, Landscape with figures, 1966.


    En este inquietante Paisaje con figuras, George Tooker retrata la angustia y la deshumanización de la vida moderna, el aislamiento social y la normalización del individuo alienado por dispositivos de poder y arquitecturas disciplinarias que impiden el ejercicio de la libertad y la expresión de la singularidad única de la que cada ser humano es poseedor. Pero no es en estos habitáculos estancos en los únicos lugares donde Tooker retrata la clasificación ordenada y conducida de las subjetividades fabricadas de manera idéntica: en salas de espera (The Waiting Room, 1959), en oficinas gubernamentales (Government Bureau, 1956), en los pasillos subterráneos del metro (The Subway, 1950), en el supermercado (The Supermarket, 1972), en hospitales (Ward, 1970), en restaurantes (Lunch, 1964), etc., en todos estos y otros espacios cotidianos aparece repetida la misma idea.
     Resulta sospechoso el parecido que guardan todas estas arquitecturas que conforman nuestro espacio social. Este aire de familia que poseen instituciones como las prisones, escuelas, manicomios, hospitales, oficinas, fábricas, cuarteles, etc., no es fruto de la casualidad. Fue el filósofo francés Michel Foucault, en su famoso libro Vigilar y castigar (1975), el pensador que mejor consiguió establecer el perverso nexo de unión que compartían todas estas instituciones en apariencia inofensivas y neutrales. Todas estas instalaciones, en realidad, son dispositivos de dominación que forman parte de una compleja trama de poder que atraviesa toda la sociedad y de la cual nosotros mismos, como engranajes del sistema, somos también cómplices y víctimas al mismo tiempo. A estas arquitecturas especialmente diseñadas para clasificar, vigilar y, en definitiva, controlar la conducta y la forma de ser de los individuos, Foucault las llama "instituciones disciplinarias", "instituciones carcelarias",  e incluso "instituciones de secuestro".
     El objetivo último de dichas instituciones y de la sociedad disciplinaria en su conjunto --por si el lector todavía no lo había deducido--, consiste en la normalización de los individuos, es decir, que estamos ante una nueva forma de poder que tiene por misión la fabricación de subjetividades estandarizadas que, en el momento oportuno, podrán ser útilmente empleadas para servir a los propósitos económicos y políticos del sistema. Pero no adelantemos acontecimientos. Sirva lo dicho hasta el momento acaso como aperitivo. A continuación vamos a tratar de implementar la tesis de Foucault en el ámbito de la educación.


LAS ESCUELAS COMO INSTITUCIONES DISCIPLINARIAS DE NORMALIZACIÓN.

Pink Floyd
We don't need no education. We don't need no thought control. No dark sarcasm in the classroom.
Teachers leave them kids alone. Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall. All in all you're just another brick in the wall.

     Como la cara oculta de la Luna --esa parte no observable desde nuestro planeta--, también en la educación existe un lado oscuro, e incluso perverso, del cual no somos siempre conscientes o acaso preferimos olvidar. Tendemos a pensar, en efecto, que la educación es ese derecho humano fundamental sin el cual los individuos no se constituyen como personas y las naciones no caminan por la senda del progreso. Asimismo, los educadores son concebidos como esos honorables funcionarios que contribuyen a la mejor de las causas posibles. En este sentido, los centros educativos de diversa índole (guarderías, escuelas, universidades), son espacios inocuos donde acuden discípulos de todas las edades, con una aceptable predisposición, para labrarse un futuro provechoso.
     Pero esta visión benévola de la educación y de sus instituciones no es la única interpretación posible. Han habido, en efecto, conocidas denuncias sociales e investigaciones de diversa índole que han puesto en entredicho la legitimidad misma de la educación tal y como se ha venido practicando. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en el grupo Pink Floyd y su famosa canción Another brick in the wall (compuesta por Roger Waters e incluida en 1979 en el álbum The Wall), donde la educación es retratada como una despiadada máquina de fabricar, a través de la dominación y el control mental, individuos disciplinados y normalizados que, a la postre, no serán otra cosa que un ladrillo más de un inmeso muro.
     A tesis similares --como ya apunté-- llegó en Vigilar y castigar el filósofo francés Michel Foucault. En el mencionado libro, Foucault documenta ampliamente, con su peculiar forma de analizar las sombras de la historia, la gestación e instauración de una nueva forma de poder que, casi insensiblemente, se ha ido extendiendo como un red por toda la sociedad. Y dentro de esta telaraña de poder que dibuja Foucualt, cobran una especial relevancia para el análisis ciertas instituciones como la escuela, el hospital, la prisión, el psiquiátrico, el asilo, el orfanato, la fábrica, el cuartel, etc. Foucault ve en la morfología y el funcionamiento de estas instituciones la plasmación de un nuevo tipo de poder que cabe desenmascarar.
     Estos espacios disciplinarios son dispositivos en los que el poder se ejerce de múltiples maneras. Se lleva a cabo una distribución espacial de los sujetos en lugares cerrados y de una determinada manera. Se realiza una clasificación racional de los individuos y se les ubica según la función que les corresponde, con el objetivo de evitar la circulación caótica y peligrosa de las masas. Se somete a cada uno de los sujetos a una visibilidad permanente que los convierte en objetos de conocimiento, y se observa en ellos cada uno de los detalles de su conducta para que no se desvíen de los parámetros establecidos. Se lleva a cabo una estricta división del tiempo para conformar horarios que garanticen el máximo rendimiento; o dicho de otra manera, se establece un celoso control sobre el tiempo como herramienta de coacción imprescindible en la fabricación de sujetos dóciles y disciplinados. Se subordina a los individuos a una cadena jerárquica de mando y a un reglamento cuyo incumplimiento trae consigo una serie de sanciones disciplinarias que corrigen la conducta de acuerdo con la normalidad vigente. Se obliga a los individuos a someterse constantemente a exámeneses decir, a procedimientos disciplinarios de normalización cuyo objetivo consiste en vigilar, clasificar y castigar. Se compara a cada uno de los individuos con todos los demás en aras de detectar desviaciones intelectuales o de la personalidad. Se transforma a cada una de las personas en un expediente o "caso"; o lo que es lo mismo, se introduce al individuo en una red de escritura que lo capta y lo inmoviliza, que lo diagnostica y etiqueta, que lo evalúa y lo clasifica. Etcétera.
     Todos estos procedimientos disciplinarios, junto con otros que no hemos nombrado, se experimentan de manera cotidiana en colegios e institutos (además de en otras instituciones ya mencionadas). En las escuelas los alumnos y alumnas permanecen encerrados de manera forzosa y distribuidos en "celdas colectivas" (espacios abstractos casi idénticos) donde se los agrupa convenientemente. Desde la más tierna edad tendrán que adaptarse a unos horarios cada vez más prolongados y estrictos, similares a las jornadas laborales de sus progenitores, que en el futuro reproducirán. Las inquietudes extraescolares son consideradas, en el mejor de los casos, como absurdas distracciones de lo verdaderamente importante. El tiempo libre, reducido a la mínima expresión, es percibido en verdad como una peligrosa pérdida de tiempo que requiere de una especial vigilancia por parte de los funcionarios de turno. El alumnado, asimismo, tiene la obligación de estar permanentemente localizado: tendrá que estar a la hora precisa en el lugar indicado de acuerdo con un horario preestablecido. Los intercambios entre clase y clase tienen que ejecutarse, acompañados de órdenes y señales sonoras, con la menor demora posible. Mediante cámaras de vigilancia se arroja luz sobre los puntos ciegos, especialmente en los corredores y en los lugares más conflictivos. Los profesores deben hacer de guardianes y organizarse estratégicamente contra el alumnado, es decir, contra el enemigo; misión ésta importante que será recordada con insistencia por parte de la jerarquía de mando, utilizando para ello un lenguaje belicista, en los claustros y otras reuniones.
     En este sentido, especialmente importante será el cumplimiento del reglamento, las normas "para la convivencia" (expresión cuanto menos curiosa); su incumplimiento desencadenará una serie de sanciones disciplinarias, en las que a veces se pone en juego incluso el amor de los padres como medida de coacción. A través del ritual del poder y del saber que son los exámenes, el cuerpo y la mente de los alumnos son sometidos a la docilidad y a la disciplina más que en ningún otro momento: forzados a una especial vigilancia silenciosa, estacados en sus pupitres, reproducirán mediante la voz o la escritura las enseñanzas recibidas. Gracias a estas evaluaciones se podrá llevar a cabo una comparación de cada uno de los alumnos para con el resto, y de todos y cada uno para con el criterio de normalidad establecido. Los alumnos que no superen las pruebas podrán ser calificados, por no decir insultados, con apelativos tales como "muy deficiente", y al final del curso, el equipo docente podrá decidir si el alumno o alumna tiene que "repetir curso". Imprescindible para el funcionamiento de este lugar disciplinario de encierro, será el convertir a cada alumno en un caso o un historial al que se podrá recurrir en el lugar y el momento oportuno, acaso para poder predecir su trayectoria y corregir sus desviaciones. Especial importancia reviste para el poder insertar a los individuos, en este caso alumnos, en el campo documental, pues ello convierte a los sujetos en objetos de conocimiento y observación; los alumnos y alumnas quedan, así, disecados entre columnas y cuadros, descritos a través de notaciones y registros que son capaces incluso de bautizarlos como "buenas" o "malas" personas.
     Llegado este punto, se hace cada vez más difícil diferencial entre una escuela y una prisión. Pero vamos a ver si analizando mejor el concepto de vigilancia podemos llegar a una comprensión más clara.



LA VIGILANCIA PERMANENTE.

Vigilar y castigar
La vigilancia permanente garantiza el control sobre la conducta del sujeto.
      Una de las características fundamentales de estas instituciones, y de la sociedad disciplinaria en general, será la vigilancia. La visibilidad a la que es sometido el sujeto es una nueva forma de control. Ya no se trata ahora de encerrar en una celda oscura a un individuo para que permanezca oculto, sino que ahora se trata de arrojar luz y permanente visibilidad, gracias a lo cual se puede controlar mucho mejor la conducta del sujeto hasta en sus más sutiles detalles. La visibilidad entonces, como dice Foucault, se convierte en una trampa; la soledad del sujeto queda secuestrada y observada a cada punto. De hecho, los individuos que permanecen bajo vigilancia en las diferentes instituciones (ya sea una prisión, una escuela o una fábrica) interiorizan la posibilidad misma de estar siendo observados, de tal modo que regulan automáticamente su comportamiento, se autoinflingen disciplina, se tornan dóciles. Al ser vistos, pero sin poder ver quién los mira, el poder es automáticamente introyectado. En este sentido, Foucault habla de sociedades de la vigilancia, en las cuales una gran multitud de individuos pierden su intimidad bajo la mirada de los dispositivos de poder.
     Esta nueva técnica de control a través de la vigilancia constante en el interior de edificios con arquitecturas específicamente diseñadas para tal efecto, esta nueva modalidad de poder, fue ya concebida por el filósofo utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832), tal y como aparece en su libro Panóptico. El término "panóptico" (pan=todo y óptico=visión) hace referencia a la mirada constante sobre los individuos desde un punto estratégico de vigilancia, de tal manera que los sujetos siempre se saben observados, pero ellos mismos no pueden ver a los vigilantes, de tal suerte que finalmente terminan por interiorizar la coacción de la mirada.


En esta imagen se representa una versión moderna del Panóptico.
     Originalmente, la idea de Bentham fue pensada para aplicarse en el diseño de las cárceles, como un invento revolucionario para el sistema penitenciario. Pero pronto se dio cuenta de que también podía aplicarse en otras instituciones. Y precisamente eso fue lo que ocurrió con el transcurso del tiempo. Actualmente, como señala Foucault, "estamos en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder que prolongamos nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes" (ob. cit., p. 315). Y se pregunta: "¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?" (ob. cit., p. 328).
     Ciertamente, no es de extrañar. No es una casualidad el aire de familia que poseen gran número de instituciones que conforman nuestra sociedad. Así que, cuando los alumnos y alumnas se quejan y dicen "esto parece una cárcel" (refiriéndose a la escuela), en realidad, esta afirmación es mucho más acertada de lo que suponen. Como señala el propio Foucault, la prisión será el modelo a partir del cual el resto de instituciones de encierro se configurarán: "la prisión no está sola, sino ligada a toda una serie de dispositivos carcelarios, que son en apariencia muy distintos, pero que tienden todos como ella a ejercer un poder de normalización..." (ob. cit., . 442).
     Por cierto que, actualmente, y con esto termino, ya nos encontramos insertos en otro modelo de sociedad que utiliza tecnologías de control mucho más avanzadas que las descritas por Foucault en Vigilar y castigar. Hemos pasado de las sociedades disciplinarias a las llamadas sociedades de control. Por eso las instituciones disciplinarias tradicionales (escuelas, cárceles, hospitales, fábricas, etc.) son instituciones en crisis alrededor de las cuales se dan ya "luchas de retaguardia" antes de pasar a su  desmantelamiento final. Mientras tanto, lo que se está implementando a escala global es el control sin encierro, y a distancia, a través de las nuevas tecnologías de la información...



A MODO DE CONCLUSIÓN

     No he tratado en este artículo de rechazar toda educación posible o a la educación en sí. Pero no cabe duda de que existen perversos mecanismos disciplinarios inherentes a la educación tal y como se está impartiendo en la actualidad. No cabe duda tampoco de que acaso uno de sus objetivos más importantes consiste en la normalización, es decir: en la fabricación de subjetividades estandarizadas a través de la aplicación de diversos mecanismos disciplinarios (vigilancia, sanciones, exámenes, expedientes, castigos, etc.), dispositivos persistentes del poder que, sostenidos de manera constante en el tiempo, consiguen someter finalmente a todos al mismo modelo de subordinación.
     La cuestión que debemos plantearnos entonces es la siguiente. ¿Es la normalización disciplinaria inherente a la educación  compatible con el amor por el conocimiento y la creatividad humana que se manifiesta en nuestra especie desde el nacimiento mismo? Me temo que, ambos aspectos, amor por el conocimiento y creatividad, son pilares tan fundamentales, que sin ellos difícilmente podemos hablar de una verdadera educación. Por consiguiente, si pretendemos construir otro modelo de educación, el primer paso será liberar a la educación de las cárceles en las que tanto alumnos como profesores nos encontramos encerrados, y desactivar todos los dispositivos disciplinarios que atentan contra la libertad y la dignidad de los alumnos y los profesores, pues en realidad todos somos cómplices del mismo juego del poder.
     En cualquier caso, no es mi intención en este momento el especular acerca de las características de un nuevo modelo educativo. Sería ésta, sin duda, una tarea muy compleja, pues considero que debería de ser una educación diametralmente opuesta a la actual. Ahora tan sólo he pretendido mostrar que un primer paso debería de consistir en desactivar los dispositivos disciplinarios de normalización y crear líneas de resistencia que nos permitan expresar con creatividad nuestra singularidad. O dicho en positivo: una de las condiciones de posibilidad para una nueva educación es el aprendizaje en libertad, siendo la libertad la posibilidad de construir cada uno de nosotros nuestra propia subjetividad.


Eduardo Vicente Navarro




domingo, 2 de febrero de 2014

LOS SEÑORES DEL AIRE



Los Señores del Aire son las multinacionales que dominan el espacio electrónico (Disney, Fox, Microsoft, Intel, Sony, Visa, etc.),  una nueva forma de poder que se sitúa en la base del proceso de globalización.

ENTREVISTA A JAVIER ECHEVARRÍA
Eduardo Vicente Navarro- Su libro Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno, ganador del Premio Nacional de Ensayo, tiene sin duda un título muy original. Al respecto, la pregunta parece casi inevitable: ¿qué es el "Tercer Entorno" y quiénes son "los Señores del Aire"?
Javier Echevarría
Javier Echeverría- El tercer entorno es un nuevo espacio social generado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que no son sólo Internet, sino también la telefonía y la televisión digitales, el dinero electrónico, los multimedia, los videojuegos y la realidad virtual. Dicho espacio electrónico (o mundo digital) tiene una estructura matemática, física y simbólica muy distinta a la de los otros dos entornos (la naturaleza y la ciudad) donde se ha desarrollado la humanidad y las sociedades rurales, urbanas e industriales. En el tercer entorno podemos actuar y relacionarnos a distancia, en red y de manera multicrónica. No se requiere la presencia física ni la simultaneidad. Este nuevo espacio social desborda las fronteras territoriales clásicas y posibilita una nueva modalidad de sociedad, la sociedad de la información.
Javier Echevarría
En cuanto a los Señores del Aire, son las grandes empresas transnacionales que controlan y desarrollan las nuevas tecnologías de la información, razón por la cual han adquirido un notable poder en el espacio electrónico. Las hay de televisión (CNN, Fox, otras de ámbito nacional), de telefonía (AT&T, Telefónica...), de dinero electrónico (Visa, American Express...), de contenidos (Disney, Vivendi, Bertelsmann...), de videojuegos (Nintendo, Play Station...) y de redes telemáticas (Microsoft, Oracle, Intel, etc.). Para ver, oír y hacer cosas en el espacio electrónico dependemos estrictamente de estos espacios de acceso, conexión, navegación y procesamiento de los flujos electrónicos que dan vida al tercer entorno. En conjunto, se trata de una nueva modalidad de poder, diferente a la de los Estados-nación, que también tienen plasmación en el ámbito de la ciberguerra o infoguerra (poder militar en el tercer entorno). Los Señores del Aire están a la base del actual proceso de globalización.

E.V. N.- Dada la existencia de estos sofisticados señores feudales del aire, ¿quiere ello decir que la revolución de las redes no es libre y democrática, y que difícilmente podría llegar a serlo en el futuro? ¿En qué iniciativas intuye que existe la esperanza de una mayor libertad y democratización del mundo virtual?

J. E.- El demos del tercer entorno somos los usuarios. De ninguna manera cabe decir que seamos nosotros o nuestros representantes quienes toman las decisiones a la hora de diseñar y desarrollar el nuevo espacio social. Más bien somos telesúbditos de los Señores de Aire, pues nuestra dependencia de ellos es total para cualquier acción en el espacio electrónico. Son ellos quienes lo conforman y quienes conforman nuestros hábitos. Por tanto, no hay democracia en el espacio electrónico, ni es previsible que vaya a haberla en plazo breve. Hay que hablar más bien de feudos de la información, es decir, de ámbitos del espacio electrónico estrictamente dominados por los diversos Señores del Aire, los cuales ofrecen entretenimiento, seguridad, información y contenidos a sus telesúbditos. Eso sí, hay movimientos de oposición a esa nueva forma de poder, sobre todo en Internet: organizaciones en defensa de los derechos de los internautas, asociaciones de usuarios, hackers, comunidad Linux, etc. Por esa vía surgen las posibilidades de que el tercer entorno sea más libre y democrático.

E.V. N.- Además de Los Señores del Aire también, en esta misma línea, ha escrito usted otros ensayos como Un mundo virtual, Cosmopolitas domésticos o Telépolis. Todos ellos se inscriben dentro del marco de reflexión de las tecnologías de la telecomunicación y de la información, pero, a parte de esto, ¿en qué consiste ese "aire de familia" que comparten todos ellos? y ¿qué novedades o revisiones se ha visto obligado a introducir en el decurso de su investigación?

J. E.- Telépolis fue la primera obra de la serie: en ella se trataba de imaginar el planeta en forma de una ciudad-red global en la que las personas se relacionaban libremente entre sí en el espacio electrónico. Cosmopolitas domésticos analizaba el impacto de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en nuestras casas, en los pequeños espacios, en lo más local. Los Señores del Aire presenta la tesis general sobre la estructura de poder actualmente imperante en el espacio electrónico y se muestra más crítico respecto a las posibilidades emancipadoras de las nuevas tecnologías TIC. Un mundo virtual es un apéndice a esta última obra, donde se estudia un tipo de tecnologías del espacio electrónico que cada vez tendrá más relevancia social: los cascos y gafas, estereoscópicos, los guantes de datos, etc. Su interés consiste en transformar directamente nuestra percepción, llevándonos a mundos sensoriales artificiales. En este sentido, las TIC son tecnologías de la mente. En conjunto, en las dos primeras obras no me había planteado la cuestión del poder en el nuevo espacio social. En Los Señores del Aire sí, y por ello es una obra más crítica y menos optimista que las dos primeras.

E. V. N.- El término "Telépolis", la ciudad "a distancia", como en ocasiones ha señalado, está inspirado en la polis griega, lugar donde podríamos decir que uno es ciudadano de pleno derecho cuando participa directa y activamente en la cosa pública. Sin embargo, hay ciertos aspectos de Telépolis que le alejan de ese ideal. Sin ir más lejos estoy pensando en la pérdida del "cara a cara". Entonces, la respecto, por señalar dos peligros, veo la posibilidad, por un lado, de que Telépolis se convierta en un sentimiento de soledad electrónica suspendido en el aire, en una especie de --como señala Sartori-- "multitud solitaria"... Y por otro lado, veo también la posibilidad de un mayor aumento, no ya de la cosificación, sino de lo que yo llamaría una telecosificación.

J. E.- Los derechos de asociación, manifestación, libre expresión, voto, etc., pueden ejercerse "cara a cara", pero también a distancia y sin conocer a los interlocutores: por ejemplo cuando alguien escribe y publica un manifiesto. Por poner otro ejemplo: se vota en una urna y en secreto, no cara a cara. Las TIC, y más concretamente Internet, permiten hacer esto muy fácilmente, y eso en cada momento y sobre cualquier cuestión. Por tanto, podrían incentivar la participación en la cosa pública. El problema consiste en que la cosa pública siempre ha estado delimitada territorialmente (recintos, plazas, calles, ciudades, países), mientras que el espacio electrónico es transterritorial. Uno puede querer participar más activamente en asuntos que ocurren a miles de kilómetros de su domicilio porque los ve en la televisión y tiene información a través de Internet sobre lo que allí pasa. El ciudadano del tercer entorno es mucho más cosmopolita que el de las ciudades y países tradicionales, que raramente se interesaba en la cosa telepública. La noción de espacio público se ha modificado y con ello la noción de ciudad. De ahí la propuesta de Telépolis. En cuanto a la soledad, puede ser mucho mayor en una aldea o en una metrópolis. A través de Internet y del teléfono móvil me relaciono con quien quiero, si hace falta también con mis vecinos, pero porque me interesa lo que hacen o piensan. De hecho, son nuevas vías para la socialización, no para el aislamiento. Salvo patologías, que siempre las hay.

E. V. N.- En el libro de Giovanni, Homo videns. La sociedad teledirigida, este autor habla de un empobrecimiento radical del aparato cognoscitivo del homo sapiens, que debido a la influencia de tecnologías como la televisión, bien podría transformarse en homo videns. Respecto a las nuevas generaciones --que como decía Negroponte cada vez serán más digitales-- Sartori habla muy críticamente de los video-niños, que cuando se hagan mayores se convertirán en una especie, digámoslo así, de super-homovidens. Por su parte, usted también hablaba en Telépolis de un problema de base, de un fallo en "el pivote básico: la formación de individuos". Entonces, mi pregunta sería la siguiente, ¿piensa que la introducción de las nuevas tecnologías audiovisuales en la educación infantil será beneficiosa, o piensa por contra que ello contribuirá más aún a la formación de video-niños y al empobrecimiento de las capacidades críticas y abstractivas del homo sapiens? ¿Piensa que la tesis del homo videns de Sartori es errónea, o cree que anda en lo cierto?

J. E.- Sartori tiene toda la razón al atacar la televisión, que ante todo es un instrumento de poder y transforma a los niños en sujetos pasivos. En cambio, la telefonía móvil o Internet son mucho más activas y favorecen nuevas formas de socialización, que escapan al control de los poderes tradicionales.
Javier Echevarría
No hay que olvidar que las tecnologías audiovisuales ya están plenamente introducidas en los procesos educativos. Baste pensar que un niño o niña en España ve televisión durante varias horas al día. Otro tanto cabe decir de los videojuegos. Quien introduce esas nuevas tecnologías en la vida infantil es el mercado, con el beneplácito de muchos padres, familias y educadores. Lo que yo propongo es que se introduzcan aquellas TIC que sean más proactivas y cooperativas, como las redes telemáticas, la telefonía móvil e incluso algunas tecnologías multimedia que están muy bien diseñadas desde un punto de vista educativo. Y que se introduzcan conforme a criterios educativos previamente establecidos y aprobados. Es decir: que se desarrolle un sistema educativo en el tercer entorno, formado por redes telemáticas escolares con monitores previamente formados y materiales educativos previamente homologados. Cuando un niño o niña ve la televisión solo, en realidad está educándose en las calles de Telépolis, porque su mente está plenamente en el espacio electrónico, aunque físicamente esté en casa.

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Esta entrevista fue realizada en el año 2004 para la revista Dilema (Universidad de Valencia).
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Eduardo Vicente Navarro

miércoles, 8 de enero de 2014

LA CONTAMINACIÓN ELECTROMAGNÉTICA


http://somospsicologia.blogspot.com.es/2014/01/la-contaminacion-electromagnetica.html
La polución electromagnética es un tipo de contaminación invisible pero no por ello inocua para nuestra salud y bienestar.
     Casi insensiblemente, los núcleos urbanos de todo el mundo se han transformado en ciudades electromagnéticas. La contaminación electromagnética, junto con otros modos de contaminación,  ha pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana. El problema es que esta proliferación descontrolada de electropolución no es biocompatible, es decir, que puede resultar muy nociva para nuestra salud, y también perjudica y degrada los ecosistemas. Más de 3500 millones de smartphones con tecnología 3G y 4G (pronto 5G); antenas de telefonía móvil visibles o camufladas por todas partes; routers irradiando WiFi en hogares, comercios, guarderías, colegios, bibliotecas, etc.; torres de alta tensión y transformadores; zonas WiFi extendiéndose a través de picoantenas en ciudades y pueblos; casas repletas de electrodomésticos y aparatos tecnológicos de todo tipo y para todos los usos imaginables: robots limpiadores, videoconsolas, tablets, ordenadores portátiles y de sobremesa, teléfonos inalámbricos, microondas, equipos de música, purificadores de aire, etc.; edificios "inteligentes" con robótica y domótica para programar a través del smartphone radiadores, televisores, frigoríficos, etc. Quizá pronto no quedará un rincón del planeta hasta donde no llegue la contaminación electromagnética. En definitiva, un panorama terrorífico de electrosmog que cada vez está enfermando y matando a más personas en todo el mundo.
     Estamos ante un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad. La contaminación por radiaciones electromagnéticas generadas artificialmente por los seres humanos se ha convertido ya en un problema de salud a nivel mundial. Estudios científicos recientes, que cuentan con el respaldo de la comunidad científica, demuestran que este tipo de contaminación no sólo afecta a los humanos, sino también al resto de organismos y al entorno en general. Así lo demuestran numerosos estudios científicos, algunos tan prestigiosos como el del Dr. Ulrich Warnke de la Universidad de Sarre (Alemania), investigador de renombre internacional especializado en campos como la biomedicina, la medicina ambiental y la biofísica. Este autor tiene un libro muy interesante titulado "ABEJAS, AVES Y HOMBRES", donde advierte de los efectos nocivos que la telefonía móvil y de los sistemas de comunicación sin cable, demostrando con pruebas cómo la contaminación electromagnética está destruyendo la naturaleza. Leyendo este libro, el lector interesado encontrará una buena respuesta a un interrogante que desde hace tiempo intrigaba a la comunidad científica: ¿por qué desaparecen las abejas?
     En los seres humanos, los efectos nocivos de la contaminación electromagnética para nuestra salud, también son extremadamente preocupantes: tumores cerebrales, leucemia infantil, ictus, etc. Muchas de las patologías neurológicas más graves de nuestra época, así como enfermedades del sistema inmunológico o cardiovasculares, están íntimamente relacionadas con la contaminación electromagnética (dentro de la cual destaca el uso de telefonía móvil, la invasión de antenas base de telefonía, la proliferación indiscriminada del WiFi, o también los teléfonos y dispositivos inalámbricos). Pero esta radiación electromagnética contaminante no sólo está detrás de las enfermedades más graves y crueles, sino que también podría ser la causante --y así lo demuestran los estudios científicos-- de otras enfermedades "menores" muy extendidas: fatiga crónica, insomnio, migrañas, déficit de atención e hiperactividad, electrosensibilidad, etc. Me pregunto cuántas personas podrían mejorar sustancialmente su calidad de vida siendo conscientes del problema...     A estas alturas de la lectura quizá os estaréis preguntando cómo es posible que esto sea así y que no estemos debidamente informados. Los más ingenuos incluso pueden estar pensado que todo esto son idioteces de ecologistas trasnochados, ya que de ser ello cierto, entonces muchas empresas mundialmente conocidas no venderían sus mortíferos productos y servicios, por el bien de la salud de los consumidores. O tal vez alguien esté convencido de que los políticos, que son teóricamente los representantes de la ciudadanía, jamás permitirían algo semejante, o que, en todo caso, ya habrían puesto en marcha toda una serie de medidas contundentes para evitar un problema tan grave. Sin embargo, para los que ya comenzamos a saber un poco --sólo un poco-- cómo funciona realmente este mundo, para nada nos sorprende lo que está pasando, a saber: los intereses económicos multimillonarios se anteponen a la salud de los ciudadanos. No olvidemos que detrás de este desastre sin precedentes están las multinacionales de la telecomunicación (AT&T, China Mobile, Vodafone, Telefónica, Deutsche Telekom, etc.) o las multinacionales tecnológicas más poderosas (Apple, Samsung, Google, Cisco, Microsoft, Nokia, Sony, etc.), así como toda una constelación de empresas que dependen directa o indirectamente de estas otras.
     Ahora bien, resulta curioso ver cómo muchos de los trabajadores de estas grandes empresas, tal y como se ha publicado en numerosos medios,  llevan a sus hijos a colegios donde no se utilizan las tecnologías que ellos mismos fabrican y distribuyen por doquier. Llevan a sus hijos a colegios sin computadoras porque saben que crean distracciones  que afecta negativamente en el proceso de aprendizaje y desarrollo, lo cual es cierto; pero yo añadiría que lo que también están buscando es un entorno para sus hijos sin contaminación electromagnética. Ellos mismos, y no únicamente sus hijos, practican de hecho la desconexión, para no estar constantemente a merced de los reclamos publicitarios, los eventos y los reclamos varios que rápidamente roban la atención y la interioridad de las personas; pero es evidente que apagan sus computadoras y desconectan sus smartphones y los routers también para evitar la electropolución.
     Mientras tanto, al resto de los mortales nos invitan a través del marketing y la publicidad a instalar el WiFi en nuestros hogares e incluso en las guarderías y colegios, por lo demás cada vez más digitalizadas y computerizadas. Y lo que es más abominable todavía, pretenden que incluso los niños (los adolescentes ya todos lo tienen) tengan un smartphone, uno como mínimo (además de las tablets, las minitablets, los netbooks, los ultrabooks, las miniconsolas, etc.).
     Esto resulta muy paradójico, porque los padres piensan que con un teléfono móvil sus hijos estarán más seguros, pero en realidad les están regalando una tecnología que los enfermará. El padre que decide tirar la casa por la ventana y comprar teléfonos para toda la familia, incluso para los más pequeños de la casa, y ya de paso instalar un router con WiFi para conectar sin cables todos los teléfonos, computadoras, tablets, televisores, etc., este pobre hombre está firmando la sentencia de muerte de la salud en su hogar. Lo hacen con mucho amor, pero también con cierta ignorancia e irresponsabilidad. Pero en realidad, siendo justos, la culpa no es enteramente de los padres o del ciudadano. Los responsables son, además de las multinacionales que nos dispensan estos productos, nuestros políticos que se niegan a informarnos de los peligros de estas tecnologías, a pesar de que el Consejo de Europa, sobre todo desde 2011, ha advertido seriamente a los países miembros, a través de la Resolución 1815, de los peligros reales del uso de estas tecnologías, poniendo especial énfasis en la protección de bebés, niños y adolescentes.

"Habida cuenta de las consideraciones expuestas, la Asamblea recomienda a los Estados miembros del Consejo de Europa,
8.1.1. Adoptar las medidas razonables para reducir la exposición a los campos electromagnéticos, especialmente a las radiofrecuencias emitidas por los teléfonos móviles, y en especial la exposición de los/as niños/as y jóvenes que al parecer corren el mayor riesgo de tumores de la cabeza;
8.1.3. Poner en práctica campañas de información y sensibilización sobre los riesgos de los efectos biológicos potencialmente nocivos...
8.2. Con respecto al uso individual de los teléfonos móviles, los teléfonos inalámbricos DECT, los sistemas WiFi, WILAM y WIMAX para ordenadores y otros dispositivos inalámbricos como los interfonos para la vigilancia de bebés:...
8.2.4. Informar sobre los riesgos potenciales para la salud de los teléfonos inalámbricos DECT, los interfonos para la vigilancia de bebés y otros aparatos domésticos que emiten continuamente microondas pulsadas...
8.3. Con respecto a la protección de los/as niños/as:
8.3.1. Desarrollar, en los distintos ministerios (educación, medio ambiente y sanidad), campañas de información específicas dirigidas al profesorado, las madres y padres y los/as niños/as para advertirles de los riesgos específicos del uso precoz, indiscriminado y prolongado de los teléfonos móviles y de otros dispositivos que emiten microondas".


     Además de las advertencias del Consejo Europeo, existen miles de estudios que apuntan en la misma dirección. Sin ir más lejos, la propia OMS (Organización Mundial de la Salud), a través del Centro de Investigación sobre el Cáncer, a clasificado los campos electromagnéticos producidos por los teléfonos móviles en la categoría 2B ("posiblemente cancerígenos para los humanos"). Otro estudio con gran aceptación es el informe BIOINITIATIVE, elaborado por un amplio grupo de expertos de todo el mundo, y que habla de: cambios en el sistema nervioso y en la función cerebral; efectos sobre el sistema inmunológico; tumores cerebrales y neuromas acústicos; leucemias y cánceres infantiles, además de otros tipos de cáncer, etc.
     En fin, no quisiera tener que insistir en que no estamos ante una alarma infundada o una teoría de la conspiración. Las evidencias no dejan margen para la duda, a pesar de que las multinacionales implicadas intenten sembrar la duda por doquier, en vez de asumir responsabilidades y rectificar.
     Tampoco ayuda demasiado nuestra clase política. Teóricamente nuestro políticos tienen la obligación de informarnos sobre estos peligros, pero hacen justo lo contrario a lo que recomienda la Asamblea del Consejo de Europa. Mientras en otros países de Europa existen campañas informativas y se actúa en consecuencia (los ministerios informan a los ciudadanos, los pediatras alertan del problema a las madres y padres, se eliminan estas tecnologías de los lugares públicos, se sustituyen los sistemas inalámbricos por el cableado, se investigan nuevas tecnologías compatibles con la salud y el medio ambiente, etc.), mientras tanto, en España se promueve y se acelera la proliferación de la contaminación electromagnética, antes de que se termine quizás por prohibir del todo, o que los enfermos llenen los hospitales.
     Tenemos, pues, como responsables, por un lado a los políticos, y, por el otro, a las compañías de telecomunicaciones y las multinacionales que producen los equipos tecnológicos y el software. Si seguimos el rastro del dinero, estas empresas son las responsables últimas, en mayor o en menor grado, de todo este grave problema ecológico y sanitario. Algunas de estas empresas no sólo hacen caso omiso a las advertencias del Consejo de Europa, sino que además actúan deliberadamente en sentido contrario, lanzando campañas de desinformación o intentando captar a través de la publicidad a los más vulnerables, sin ningún tipo de escrúpulo moral. Véase, por ejemplo, la campaña de publicidad con la que Telefónica Movistar nos bombardea en la actualidad, y en la que no duda en utilizar a inocentes niños y niñas de corta edad.


En esta imagen, en la que he tratado de condensar varios de los anuncios de Movistar (Telefónica), se puede observar cómo la compañía utiliza de manera sistemática a niños y niñas con el objetivo de vender sus productos.
      En esta campaña publicitaria se puede apreciar la falta de valores y principios éticos de las grandes compañías. En este caso, este tipo de publicidad no sólo atenta contra la dignidad de las personas, no sólo explota a niños y niñas para lucrarse, sino que además invita a todo el mundo a que los enfermemos, desoyendo las recomendaciones de la OMS, del Consejo de Europa, del Centro para la Investigación sobre el Cáncer, etc. No es de extrañar que luego compañías como esta --e igual son casi todas-- sean las que nos imponen una "tecnología" (mejor sería hablar de pseudo-tecnología) que no es biocompatible. Quizá por ello andan por las cornisas de los grandes edificios en todas las grandes ciudades instalando antenas camufladas y predicando a los cuatro vientos que ellos son el progreso y que no pasa nada.
     
Eduardo Vicente Navarro

sábado, 28 de diciembre de 2013

LA PUBLICIDAD COMO VIOLENCIA DEL CAPITALISMO CONTRA LA DIGNIDAD.


En este anuncio de D&G, famoso por la polémica que suscitó, podemos ver un claro ejemplo de violación de la dignidad humana por parte de la publicidad, concretamente en este anuncio sexista se manifiesta claramente la violencia contra la dignidad de las mujeres.
     La publicidad se ha convertido en una forma de violencia simbólica del capitalismo contra la dignidad de las personas, además de en un instrumento de manipulación que deforma la realidad y crea ideales de vida vacíos. Estas afirmaciones y otras muchas podrían quizá ser ciertas. Por tanto, tendremos que realizar una serie de consideraciones críticas en torno a la publicidad. La conclusión final a la que llegaremos podría ser acaso preocupante: la efervescencia de la publicidad es un termómetro del declive de una civilización que se devora a sí misma en un acto final de materialismo consumista a escala global  y sin precedentes.

     LA INDIGNIDAD DE LA PUBLICIDAD.
     Para el filósofo alemán Kant el ser humano es una clase especial de ser que se caracteriza por ser un fin en sí mismo. Esto quiere decir que los seres humanos no deben utilizarse como medios o instrumentos para realizar algo o para conseguir un determinado objetivo. Los seres humanos no deben de utilizarse como objetos o cosas, pues cada ser humano tiene sus propias metas, proyectos y manera de ser feliz. Precisamente en este especial cuidado con el que se debe tratar a los seres humanos consiste la dignidad de las personas.
     Ahora bien, la publicidad sabemos que no se limita a informar acerca de las virtudes de los productos o servicios que vende, y sabemos que no trata de persuadirnos con hechos o razones sobre la idoneidad de adquirir cierto artículo de venta, y ni siquiera pretende mejorar nuestras condiciones de vida, por más que de ello   trate de convencernos, y desde luego tampoco realizan por lo general una labor social. Lo que la publicidad persigue con todas sus fuerzas es que el consumidor compre los productos que anuncia, independientemente de que sean de buena o mala calidad, de mucha o nula utilidad, o de que sean beneficiosos o perjudiciales para la salud o el medio ambiente.
     La publicidad es la punta del ariete con el que las empresas consiguen entrar en los hogares de millones de personas con el objetivo de ganar fama y dinero. Pero para lograr dicho objetivo, no es suficiente con engañar al consumidor acerca de las propiedades maravillosas de sus productos, sino que también es necesario tratar de modificar la conducta de los consumidores o clientes, e incluso influir en su modo de percibir y comprender la realidad. La publicidad de las grandes marcas modifica el modo de percibir el mundo y orienta la conducta humana hacia estilos de vida que resultan económicamente rentables para las multinacionales que promueven las campañas publicitarias a escala mundial.
     O dicho de otro modo: la publicidad trata a la persona como un medio y no como un fin en sí mismo. A través de un complejo y profundo proceso de manipulación permanente que nos convierte sutilmente en esclavos de toda una serie de necesidades creadas y maneras prefabricadas de vivir, la publicidad socava por completo la dignidad de las personas.

     LA CRÍTICA DE LA PUBLICIDAD.
     Hoy a nadie parece importarle demasiado que el derecho a recibir una información basada en la verdad brille por su ausencia en los medios de comunicación. Tal vez porque lo hemos asumido, nos entra la risa al escuchar que los medios de comunicación tienen la obligación de contribuir al bienestar social y la formación integral de las personas. Y sin embargo, aunque nos parezca un chiste, así debería ser.
     La publicidad, no obstante, ya hace tiempo que traspasó la línea roja de la responsabilidad ética y social, y se alejó tanto de este lugar, que actualmente se ha transformado en un inmoral mecanismo de manipulación que crea necesidades ficticias, que promueve el consumismo y el materialismo, que dicta modas e ideales de vida vacíos, que trata de modificar nuestra conducta alterando los estados emocionales y los anhelos humanos (con el único fin de vender sus productos), que atenta contra la salud de las personas y los ecosistemas (llenando nuestros hogares y el mundo entero de productos tóxicos y contaminantes), que invade la intimidad de las personas, que llena el mundo exterior de distracciones que impiden la concentración y la tranquilidad, que trata de robarnos nuestra interioridad (infiltrando en nuestra conciencia pensamientos ajenos), que nos enseña a juzgar a las personas por lo que tienen en vez de por lo que son, que transmite a las generaciones valores negativos como el egoísmo, la violencia, el sexismo, la mentira, etc., y, en fin, que no respeta la dignidad de las personas.

     LA PUBLICIDAD COMO ESPEJO DE LA DECADENCIA DE NUESTRA CIVILIZACIÓN.
    En definitiva, podemos concluir que la publicidad es una muestra más, quizá la más visible, de la depravación del capitalismo: la efervescencia de la publicidad es un termómetro del declive de una civilización que se devora a sí misma en un acto final de materialismo consumista a escala global  y sin precedentes.
     Detrás de la atractiva estética de la publicidad (con sus modelos, la música de actualidad, los decorados de película, los mensajes creativos, etc.), se esconden los intereses de las grandes empresas, que como es sabido forman parte de los grandes problemas que amenazan el futuro en este planeta. A la estética de la falsedad que es la publicidad, no le importa la salud física y mental de los individuos, la conservación del medio ambiente o la dignidad de las personas, porque las empresas que pagan la publicidad están absortas en su propia codicia y únicamente ven el mundo desde la perspectiva de los intereses económicos y los balances financieros. Estas empresas gastan millones y millones de dólares y euros en difundir sus spots publicitarios a través de los mass media (medios de comunicación de masas) para llenar el planeta de productos tóxicos y aparatos tecnológicos innecesarios, sin caer en la cuenta de que cada vez tenemos más cosas pero somos peores personas.


Eduardo Vicente Navarro

Quizás también estés interesado en:
- Evitar la contaminación física y mental.
- Inteligencia ecológica versus civilización tóxica.




viernes, 13 de diciembre de 2013

PEQUEÑO HOMENAJE A NELSON MANDELA


Nelson Mandela
     Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega de forma más natural al corazón humano que su contrario.

     Si quieres hacer la paz con tu enemigo tienes que trabajar con él. Entonces se convierte en tu compañero.

     La educación es el gran motor del desarrollo personal. Es a través de la educación como la hija de un campesino puede convertirse en una médica, el hijo de un minero puede convertirse en el jefe de la mina, o el hijo de trabajadores agrícolas puede llegar a ser presidente de una gran nación.

      Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada.

     Debemos usar el tiempo sabiamente y darnos cuenta de que siempre es el momento oportuno para hacer las cosas bien.


PEQUEÑO HOMENAJE A MANDELA, IES TEULADA, 4ºC EEC, CURSO 2013/14


martes, 3 de diciembre de 2013

EL SECUESTRO EMOCIONAL

Edvard Munch, El grito.
      "Cualquiera puede enfadarse, eso es muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado adecuado, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, ya no resulta tan sencillo" (Aristóteles).


     INTRODUCCIÓN

     Tomemos esta conocida obra de Edvard Munch como punto de partida. En ella se condensa en una sola imagen, de gran fuerza expresiva, el miedo y el dolor desgarrador de un alma atormentada. Munch realiza un retrato interno de la locura y la angustia existencial de su propia mente y hace brotar de su espacio anímico interior un alarido horroroso que desfigura el paisaje y hace gritar a la naturaleza misma. El cielo ensangrentado y los contornos retorcidos son la expresión del estado psíquico desquiciado de un sujeto que se atreve a mirar directamente al espectador, como si buscara su auxilio. Con el paso del tiempo, El grito se ha convertido en un icono universal del terror y la desesperación, pero también de la neurosis occidental de la que todos formamos parte.
     Quizá El grito sea una imagen excesiva para representar un secuestro emocional, pero en cierta manera ilustra de manera muy gráfica la pérdida transitoria de control racional que se produce cuando la amígdala (el centro de operaciones de nuestro cerebro emocional) toma el control del resto del cerebro y nos obliga a manifestar conductas demasiado impulsivas. Precisamente en ello consiste un secuestro emocional, a saber: en una falta de autocontrol emocional por parte del sujeto en el que se manifiesta. Esta gestión inadecuada de las emociones que nos embargan, no obstante, debemos mejorarla trabajando nuestra inteligencia emocional, pues de lo contrario las alteraciones de nuestra conducta terminarán pasándonos factura. Tengamos en cuenta que, la intensidad de los secuestros emocionales, además, en ocasiones puede ser desmesurada y, en dichos casos, la expresión de quienes sufren estos secuestros emocionales, puede llegar a ser muy similar a la figura retratada por Munch. Sin embargo, no siempre la intensidad de un secuestro por la amígdala consigue llevarnos a un estado semejante a un acceso de locura. Parece más bien ser una cuestión de grado y, por consiguiente, en una intensidad moderada, podría ser un problema más habitual de lo que creemos, y por eso mismo pasar desapercibido...

jueves, 21 de noviembre de 2013

EL OPTIMISMO PRAGMÁTICO de Mark Stevenson


En esta obra de Edward Hopper, Habitación de hotel (1931), el pintor americano plasma con fuerza la sensación de soledad y frustración propia de la vida alienante en las ciudades modernas.
     Esta magnífica obra de Hopper, que podemos encontrar en el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, nos va a servir de punto de partida para hablaros en esta ocasión de la importancia del optimismo. La contemplación de la figura femenina melancólica y ensimismada, sorprendida en la intimidad de una habitación fría, trasmite al espectador la tristeza propia de una vida que no deja margen para el optimismo, que cancela el horizonte del futuro. Al mismo tiempo, nos hace recordar el modo en que todos nos hemos encontrado en algún momento de nuestras vidas. La mujer representada ojea los horarios de los ferrocarriles sin mostrar ningún interés real, de manera inerte. Posiblemente debe de abandonar la habitación del hotel por la mañana, pero la impresión que evoca es de indiferencia respecto a su próximo destino. La falta de calidez de la escena se acentúa al no encontrar ilusión por el porvenir, al no dejar espacio acaso para la esperanza, al contrario, es el hastío, la frustración y la parálisis la que inundan la escena. Pero si pudiéramos hablar con la protagonista de este cuadro, quizá intentaríamos animarla para que recuperara la esperanza y la ilusión por la vida, tal vez trataríamos de persuadirla de la importancia que el optimismo tiene para la existencia y para la construcción de un futuro mejor.

miércoles, 23 de octubre de 2013

INTELIGENCIA ECOLÓGICA VERSUS CIVILIZACIÓN TÓXICA.

Dancing Butler On Toxic Beach Crude Oil. Esta obra del artista británico callejero de identidad oculta, apodado Banksy, expresa con ironía la contradicción ética de la civilización tóxica.

     RESUMEN:

     Por más que pretendamos escapar de los tentáculos de la civilización tóxica, por más que tratemos de evitar la contaminación física y mental, no obstante, toda medida que adoptemos será insuficiente. Podemos alejarnos de las grandes ciudades y evitar llenar nuestros hogares de productos nocivos para nuestra salud, podemos retirarnos al campo, hacer ejercicio al aire libre y meditar por la mañana o cuando llega el atardecer. Pero todo esto, aún siendo bueno para nosotros, sabemos que es sólo un remedio pasajero.
     Todo saber que actualmente pretenda ser tomado en serio, ya no puede ocuparse sólo de la salvación del individuo aislado, como si cada sujeto fuese un ente separado del resto del mundo por el muro de la conciencia. La psicología, en la coyuntura histórica en la que nos ha tocado vivir, tiene que ser ecopsicología, psicología profunda capaz de comprender hasta qué punto estamos todos íntimamente conectados dentro del tejido de la vida.
     Debemos de ser capaces de desarrollar una inteligencia ecológica a nivel global, dentro del marco de un sistema económico sostenible y más justo, pues únicamente de este modo podremos superar el actual modelo de civilización tóxica. En este sentido, modelos económicos como el propuesto por Christian Felber (La economía del bien común), o aportaciones como las del famoso psicólogo Daniel Goleman (Inteligencia ecológica), son puntos de partida a tener en cuenta.