domingo, 23 de octubre de 2016

MINDFULNESS Y NEUROCIENCIA: LOS BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN




Ventajas de la meditación / Mindfulness y neurociencia
Recuerda la fórmula "CAFESI" para memorizar los 6 beneficios de la meditación.

  En la actualidad existen diferentes investigaciones que han estudiado la práctica del mindfulness utilizando una metodología estrictamente científica. A continuación, basándonos en algunas de estas investigaciones, veremos varios de los beneficios derivados de la meditación. Concretamente, desde una perspectiva neurobiológica, se ha demostrado que el mindfulness contribuye a la mejora de los siguientes aspectos:
  1. El CONOCIMIENTO DE LA REALIDAD o del mundo que nos rodea.
  2. El AUTOCONOCIMIENTO o conocimiento de nosotros mismos.
  3. La FELICIDAD o disposición afectiva positiva.
  4. La EMPATÍA, gracias a la cual podemos mejorar nuestras relaciones con los demás.
  5. La SALUD, pues fortalece nuestro sistema inmunológico.
  6. La INTEGRACIÓN de procesos cerebrales para alcanzar mejor coherencia funcional.
Primer beneficio: el conocimiento de la realidad.
Cuando a través de los órganos de los sentidos recibimos nueva y abundante información, toda ella cargada de pureza y rica en matices, estos novedosos datos viajan por los sistemas sensoriales hacia zonas cada vez más elevadas del sistema nervioso. A esta fase, los neurofisiólogos la llaman procesamiento de abajo arriba. Pero conforme esta riqueza informativa accede a niveles superiores de procesamiento, sistemáticamente irá perdiendo gran parte de su singularidad y frescura. Esto se debe a que enseguida entra en juego el llamado procesamiento de arriba abajo, un sistema muy potente de redes neuronales superiores, que someterá todo el flujo de la información a una serie de mecanismos automáticos de filtración y clasificación en categorías o moldes, de manera que gran parte del material entrante se perderá mientras que el resto quedará en buena medida deformado. Como señala Vicente Simón en Mindfulness y psicoterapia (Revista de Psicoterapia 30 / Vol. XVII - Nº 66/67): “Los procesos de arriba abajo son muy poderosos a la hora de esclavizar a la información viva que accede momento a momento, ya que como dice Siegel (2007), están respaldados por una conectividad neural muy potente –mucho más potente que la incertidumbre de vivir en el aquí y ahora–. La información del aquí y ahora (de abajo arriba) tiene, por tanto, muchas dificultades para hacer llegar a la conciencia su auténtico mensaje”.
Esta tendencia hacia la simplificación y modulación no sólo deformará terriblemente la novedad y riqueza de matices sensoriales o de sutiles percepciones del propio estado corporal, sino que también condicionará nuestras reacciones emocionales o la emisión de juicios y pensamientos. En cualquier caso, debemos de saber que nuestro cerebro nos engaña por una buena razón, pues pretende ante todo facilitar la operatividad en el mundo externo y asegurar la supervivencia del organismo.

categorias kantianas
El famoso filósofo alemán Kant ya hace más de 200 años que afirmó que el flujo caótico de datos procedentes de la realidad tenían que someterse a las formas a priori de la sensibilidad humana (el espacio y el tiempo) para constituirse como fenómenos de la experiencia; y además, para que luego pudiésemos seguir con el procesamiento de la información, debía someterse también a las categorías a priori del entendimiento (unidad, causalidad, pluralidad, limitación, etc.).


  De acuerdo, pero ¿qué tiene que ver el mindfulness con todo esto? La práctica de la meditación nos va a permitir conocer la realidad de una nueva manera (o si se quiere, conocer la realidad de nuevo). Cultivar nuestra mente para desarrollar una plena atención, nos permitirá degustar la información entrante, novedosa y fresca, de una manera especial y con mayor detalle. Y es que, al practicar mindfulness estamos dificultando el funcionamiento de los procesos arriba abajo, al tiempo que favorecemos la llegada de más riqueza informativa a las zonas prefrontales de nuestro cerebro. Así, la información entrante queda privilegiada en ese momento, al tiempo que se activa una parte del cortex prefrontal. Y si además somos capaces de observarnos a nosotros mismos (auto-observación), seremos conscientes de los procesos mentales que están en funcionamiento (metacognición) y podremos desconectar la automaticidad (SODA: Si Observas Desconectas Automaticidad). Desconectar la automaticidad significa que conscientemente no vamos a permitir, en la medida de lo posible, que los filtros y modulaciones de los procesos arriba abajo eliminen y deformen el flujo de información entrante.
En cierta manera, gracias al mindfulness aprendemos a conocer la realidad en un estado más puro. Si es verdad que, como dice el refrán, “todo depende del color del cristal con el que se mira”, también es verdad que, cuando meditamos, nos hacemos conscientes de la existencia de ese cristal y experimentamos una realidad más transparente. Cuando practicamos mindfulness experimentamos la realidad de cada momento con la curiosidad y la inocencia de un niño, apreciando mejor la belleza y la singularidad de cada efímero instante.

Segundo beneficio: el autoconocimiento.
La meditación no sólo nos permite conocer mejor la realidad, sino que también nos permite conocernos mejor a nosotros mismos y cultivar nuestra interioridad.
Cuando nacemos, en las primeras etapas de la vida, percibimos la realidad de manera muy diferente a como luego lo haremos. Y es que, conforme ingresamos en el mundo del lenguaje y de la socialización, la plasticidad neuronal de nuestro cerebro se va configurando de una determinada manera que condicionara nuestro modo de ver el mundo. Y al mismo, también vamos a ir generando progresivamente una imagen de nosotros mismos, una identidad que es como un conjunto de máscaras que utilizamos para interactuar con el mundo exterior. Estas envolturas que gravitan alrededor del núcleo de nuestra interioridad, forman capas que impiden que los demás conozcan cómo somos realmente, pero también nos ocultan a nosotros mismos quiénes somos. La esencia de nuestro yo, nuestro self nuclear, termina así sepultado bajo sucesivas envolturas que dificultan la comunicación con la parte más original de nuestro universo interior. Ocurre, pues, que olvidamos lo que nosotros mismos somos y nos cuesta mirar en la parte más íntima de nuestra interioridad, en nuestra última soledad.


     Estas capas o envolturas se han ido formando desde el momento en el que hemos pasado a formar parte de una familia, que nos introduce en el mundo del lenguaje, y que a su vez forma parte de un entramado social. Y es dentro de este contexto donde experimentamos vivencias, desarrollamos complejos o fobias, recibimos una determinada educación, aceptamos el repertorio de valores y creencias propios de nuestra época y cultura,  y nos vemos constreñidos por las exigencias de la civilización. Además, según Heidegger, corremos el peligro de desarrollar una existencia inauténtica propia de el mundo del “se dice” (nos limitamos a decir lo que se dice, a creer lo que se cree, a repetir el eco del mundo exterior, sin tener una auténtica voz propia). Pero entonces... ¿Quién soy yo? ¿Lo que mi familia dice que soy? ¿Lo que los otros dicen de mí? ¿Lo que aparento ser? ¿Los modelos sociales que imito? Según el filósofo francés Jean Paul Sartre nuestra conciencia no tiene esencia que defina lo que somos, somos un proyecto que se construye de acuerdo con lo que hacemos y elegimos. “Cada hombre -dice Sartre- es lo que hace con lo que hicieron de él” (somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros). Esto frase significa que, a pesar de las influencias en la infancia, de la educación recibida, o de las huellas de las experiencias vividas, etc., llegado un momento, nosotros tomamos las riendas de nuestra existencia y elegimos lo que queremos ser.

Sea como fuere, exista o no una esencia de nuestro yo, lo que sí que podemos afirmar es que la práctica del mindfulness tiene una influencia real en nuestra interioridad, y ello en varios sentidos. Por ejemplo, nos permite, a través de la metacognición (auto-observación), conocer mejor los procesos que operan en nuestra mente. También nos permite cambiar la naturaleza electroquímica de nuestro cerebro, pues es capaz de variar las ondas cerebrales (cuando meditamos podemos pasar de un estado de estrés propio de las ondas beta de alta frecuencia, a un estado de ondas alfa y zeta). Todo ello, desde luego, tiene repercusiones positivas para nuestra salud. Además, la práctica de la meditación es capaz de modificar de manera permanente la estructura cerebral.

Tercer beneficio: la felicidad.
La felicidad, decía Aristóteles, es el bien supremo y el fin último de la vida. Ahora bien, tratar de definir qué es la felicidad y cuál es el buen estilo de vida que nos puede conducir hacia la felicidad, estas cuestiones no las podemos desarrollar en este momento. A lo largo del decurso de los siglos se han escrito miles de libros al respecto, y al tratarse de un problema existencial, no es posible cancelar el problema de una vez para siempre.
Nuestro objetivo es, pues, más humilde y limitado. Lo que con el respaldo de la investigación científica podemos afirmar es que la meditación ciertamente resulta ser un instrumento muy útil para mejorar la economía de nuestra felicidad. Ello lo podemos afirmar debido a que la práctica del mindfulness es capaz de producir cambios en la actividad de nuestro cerebro que están relacionados con la disposición afectiva positiva, lo cual, desde luego, favorece las condiciones de posibilidad de la felicidad.
La práctica del mindfulness, en efecto, tiene efectos directos sobre la actividad cerebral relacionada con el estado de ánimo y la disposición afectiva, contribuyendo al restablecimiento del equilibrio emocional y favoreciendo la generación de estados de ánimo positivos. Esto es muy útil, por cierto, en la práctica clínica a la hora de tratar con pacientes que sufren trastornos de ansiedad o cuadros depresivos. Pero no sólo el éxito terapéutico del mindfulness constituye una prueba de lo dicho, sino que también se han realizado experimentos en los que se comparaba la actividad cerebral de los meditadores y el grupo de control (los que no meditaban), siendo los resultados los ya adelantados, a saber: los meditadores experimentan una mayor activación de ciertas partes de la zona cerebral izquierda (asociada a la disposición afectiva positiva). La meditación produce una desviación de la asimetría cerebral hacia la izquierda, lo que supone la generación de emociones positivas y la supresión voluntaria de estados afectivos negativos.


Sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo serio,
pues la vida no es un juego
ARISTÓTELES


Cuarto beneficio: la empatía.
El interés de la neurociencia por la empatía se ha focalizado sobre todo a raíz del descubrimiento en 1996 de las llamadas neuronas en espejo. Este tipo de neuronas se activan no únicamente cuando nosotros ejecutamos una acción, sino también cuando observamos cómo los demás realizan acciones. Gracias a las neuronas en espejo podemos también inferir las intenciones de los demás e interpretar sus estados mentales. Por lo tanto, podemos afirmar que, las neuronas en espejo son, en buena medida, el fundamento biológico de la empatía, esa capacidad de sentir como propios los estados emocionales de los demás. Gracias a las neuronas en espejo podemos ser compasivos con los demás, podemos entender la mente de los otros y podemos también imitar mejor sus acciones. Como podemos imaginar, el desarrollo de estas redes de neuronas en espejo debe de haber jugado un papel fundamental en la adaptación de la especie.
Al parecer, los seres humanos entendemos las acciones de los otros a través de nuestro propio sistema motor, utilizando las mismas neuronas que se activarían en caso de que nosotros realizásemos la misma acción observada. Como dice Daniel J. Siegel: “el cerebro está estructurado con una capacidad innata para trascender las fronteras de la piel de su propio cuerpo e integrarse con el mundo, especialmente con el mundo de los otros cerebros” (“Toward an interpersonal neurobiology of the developing mind: attachment relationships, ‘mindsight’, and neural integration”. Infant Mental Health Journal, 22 (1-2): 67-94).
Pues bien, la práctica del mindfulness fomenta de manera directa la empatía, ya que de hecho, la propia actitud del mindfulness requiere de una atención de carácter afectivo, además de existir meditaciones específicas centradas en la compasión y el amor altruista (en definitiva, en la empatía). Cuando practicamos mindfulness se refuerzan y actualizan las redes de neuronas en espejo. En experimentos con meditadores experimentados que reciben la instrucción de generar compasión, se producen alteraciones electroencefalográficas que difieren de las del grupo de control. Parece claro que la práctica del mindfulness es una herramienta útil para entrenar los procesos atencionales y afectivos. Esto puede resultar beneficioso a la hora de abordar tratamientos terapéuticos que vayan dirigidos, por poner un ejemplo, hacia el tratamiento  de los sentimientos autodestructivos.



¡GENERA EMPATÍA Y COMPASIÓN!
La meditación Tonglen es una práctica tibetana que consiste en recibir el sufrimiento de una o varias personas, para luego enviar de vuelta amor y compasión. Una variación posible consiste en asumir nuestro propio sufrimiento y enviarnos a nosotros mismos amor y compasión. ¿Te apetece practicar este tipo de meditación? ¡Adelante!


Quinto beneficio: la salud.
Como vimos, la asimetría cerebral desviada hacia la derecha indica una predisposición hacia el ánimo depresivo y la generación de emociones negativas. Pero lo que lo que hasta el momento no habíamos nombrado es que existe una relación entre el perfil de asimetría prefrontal y los parámetros de inmunidad (véase Kang y cols., 1991). Las personas con una activación frontal derecha más pronunciada tienen niveles más bajos de actividad de sus células NK (natural killers). Existe, pues, una relación entre un patrón determinado de actividad cerebral y una respuesta inmunitaria concreta.
Otros estudios algo más recientes (véase Davidson y cols., 1999) obtuvieron resultados similares. Eso sí, merece la pena destacar que, en los experimentos de Davidson y sus colaboradores, se midió la actividad cerebral de los sujetos también durante el periodo de exámenes finales, demostrándose que los individuos con mayor activación del lado izquierdo del cerebro mostraban un aumento de la respuesta de las células NK (células asesinas naturales).
Por lo tanto, podemos afirmar que la práctica de la meditación, al favorecer la asimetría cerebral desviada a la izquierda, favorece al mismo tiempo positivamente los parámetros inmunológicos. Existen mecanismos psiconeuroinmunitarios mediante los cuales el mindfulness tiene efectos favorables sobre nuestra salud. Por lo demás, cabe destacar que estas investigaciones tienen una especial importancia para abrir nuevas vías terapéuticas en enfermedades relacionadas con la inmunidad (infecciones, enfermedades autoinmunes, procesos tumorales, etc.).

Sexto beneficio: la integración.


 Por integración vamos a entender la acción de integrar los procesos cerebrales para que las distintas partes del cerebro funcionen como una unidad y logren , así, una mayor coherencia y efectividad.
La parte del cerebro que se encarga de realizar esta integración se localiza en la corteza prefrontal. En efecto, la corteza prefrontal, muy desarrollada en nuestra especie, se encarga de realizar funciones relacionadas con la integración de información procedente de otras zonas con el fin de generar representaciones cargadas de sentido. No es esta la única función que la corteza prefrontal realiza. También está relacionada con otras funciones importantes como: el autoconocimiento y la comprensión de la mente de los demás, la capacidad de concentración o atención, la gestión de la impulsividad, el control de ciertas conductas, las reacciones creativas frente a estímulos novedosos, etc. En el libro The Mindful Brain, Daniel J. Siegel enumera otras tantas funciones de la corteza prefrontal: regulación corporal, comunicación sincrónica con otras mentes, equilibrio emocional, flexibilidad de respuesta, autoconocimiento, modulación del miedo, intuición, y empatía.

Pues bien, en todas las investigaciones con neuroimagen que han estudiado la actividad cerebral de la meditación, la corteza prefrontal ha destacado por su participación. Por tanto, podemos concluir que la práctica del mindfulness favorece la activación de ciertas regiones cerebrales encargadas de los procesos integradores más propiamente humanos, es decir, que favorece la integración de todos los sistemas neurales para que el sistema nervioso en su conjunto funcione con mayor coherencia. Pero la meditación, si es habitual, no sólo activa momentáneamente partes cruciales del cerebro, sino que es capaz de producir cambios morfológicos permanentes en la corteza cerebral y, por consiguiente, provocar cambios efectivos en la conducta del sujeto, e incluso en los rasgos de su personalidad.

Eduardo Vicente Navarro

viernes, 21 de octubre de 2016

EL LÁPIZ DE LA ALEGRÍA


EXPERIMENTO LÁPIZ EDUARD PUNSET (REDES)


     ¿Crees que es posible engañar a nuestro cerebro e influir sobre nuestros estados anímicos? ¿Podemos enseñar a nuestro cerebro a generar emociones positivas? Vamos a hacer la prueba. Coge un lápiz o un bolígrafo y sitúalo horizontalmente en tu boca sujetándolo con los dientes. Será suficiente con esperar unos segundos para experimentar los resultados. Si estás sentado puedes ahora levantarte y caminar.

El lápiz de la alegría
"En 1988, al psicólogo social alemán Fritz Strack se le ocurrió un experimento muy curioso. Mostró una serie de tiras de humor gráfico a dos grupos de personas y les pidió que valoraran cuán graciosos eran los dibujos. El primer grupo sostenía en la boca un lápiz como se muestra en la figura A. El segundo grupo también sostenía un lápiz en la boca, pero como se muestra en la figura B. Sorprendentemente, para la gente del grupo A, las imágenes resultaron más graciosas que para los del grupo B. Los resultados del estudio revelan que la gente experimenta las emociones asociadas a la expresión facial: la mueca de risa provocada por el lápiz en el grupo A les hizo ver más gracia en los dibujos. El experimento corrobora las conclusiones pioneras de Paul Ekman en el campo de la expresión facial de las emociones" (cita extraída de:  http://www.eduardpunset.es/250/general/las-conclusiones-del-experimento-de-la-semana-pasada).


     Como podemos imaginar, la posición del lápiz colocado de manera estratégica en nuestra boca, activa los músculos y simula fisiológicamente la gesticulación propia de la risa, de tal manera que hacemos creer a nuestro cerebro que la risa se está produciendo espontáneamente, y nuestro cerebro responde reforzando ese estado de ánimo efectivamente.
     Este sencillo ejercicio, puede ser útil para activar un estado de ánimo positivo o para tratar de modificar uno negativo. Si estamos molestos por algún problema o preocupación, la técnica del lápiz nos puede ayudarnos a cambiar el chip, aunque sea momentáneamente. Asimismo también puede ser efectivo antes de realizar una meditación si notamos que estamos irritados. Cada uno puede encontrar el beneficio que más le convenga en cada situación determinada.
     Desde un punto de vista más teórico, este experimento también es útil para que reflexionemos acerca de una serie de cuestiones que pueden resultar acaso interesantes. Este experimento nos permite, en efecto, reflexionar sobre los fundamentos biológicos de las emociones, así como acerca de la posibilidad de producir modificaciones en nuestros estados emocionales a través de ciertas prácticas. Por ejemplo,  podemos preguntarnos: si un simple lápiz es capaz en unos segundos de producir una emoción positiva, aunque sea de manera transitoria, ¿qué no podrá hacer la práctica constante de prácticas como la meditación? Las emociones tienen una base biológica, y la meditación puede producir modificaciones en la estructura de nuestro cerebro o en nuestro sistema inmunológico... Un tema sin duda interesante, que en este momento no vamos a desarrollar, pero que podéis consultarlo en otro apartado.

Eduardo Vicente Navarro


EL HOMBRE MÁS FELIZ DEL MUNDO



MATTHIEU RICARD / TIBET / BUDISMO / MEDITACIÓN

Os presento a Matthieu Ricard, supuestamente “el hombre más feliz de la Tierra” desde el punto de vista neurocientífico. El profesor Richard J. Davidson, del laboratorio de Neurociencia Afectiva de la Universidad de Wisconsin, investigó durante meses el cerebro del famoso monje budista para poder comparar su actividad cerebral con la de cientos de voluntarios que formaban parte del experimento. Durante meses conectaron a su cabeza cientos de electrodos (concretamente 256) y le practicaron resonancias magnéticas nucleares para obtener imágenes funcionales de su cerebro, con el objetivo de poder medir su resistencia al estrés, el registro de las emociones y, en definitiva, para poder comprobar los efectos biológicos que tiene la meditación en el cerebro humano.

Pues bien, la anécdota que hace de esta investigación una de las más famosas del mundo, y de la cual toda la prensa internacional se hizo eco, es que, tras clasificar los niveles de felicidad de los voluntarios en una escala que iba desde 0.3 (muy infelices) a -0.3 (muy felices), el resultado de Matthieu Ricard fue de -0,45, resultado que pulverizó todos los registros y desbordó las previsiones de la investigación, convirtiéndolo en “el hombre más feliz del planeta”. Por supuesto, Matthieu Ricard no quiso aceptar esta etiqueta, aunque sí explicó que el resultado se debía a que su cerebro había aprendido, a través de la meditación, a producir emociones positivas más allá de los parámetros normales. Al parecer, su cerebro presenta una elevada actividad asociada al lado izquierdo del cerebro, desde donde se generan las emociones positivas y los estados de bienestar (a diferencia de la mayor activación del lado derecho asociada a la depresión, la ansiedad o el miedo). Al parecer, es posible trascender las carencias, los sufrimientos y los pensamientos negativos que llevan a la mayoría de las personas a la infelicidad.

¿QUIÉN ES MATTHIEU RICARD?


Biólogo, doctor en genética molecular, monje budista, fotógrafo, asesor personal del Dalái Lama, miembro del prestigioso Mind and Life Institute... Además de escribir multitud de ensayos y libros (El monje y el filósofo, En defensa de la felicidad, El infinito en la palma de la mano, Trabajando con las emociones destructivas, etc), o de desarrollar una inmensa labor humanitaria en Oriente (por la que Francia le otorgó la Orden Nacional al Mérito), o de ser el único occidental capaz de leer, escribir y traducir el sánscrito, etc. Este francés, hijo del filósofo Jean-François Revel, educado en los más exquisitos círculos intelectuales franceses, sin embargo, tras doctorarse en biología molecular en el Instituto Pasteur, decidió abandonar su carrera científica para concentrarse en la práctica del budismo y pasar a residir en el Tibet, al noreste del Himalaya.
Matthieu Ricard encarna a la perfección el ideal del personaje occidental que lo deja todo para embarcarse en una aventura budista propia de las películas de Hollywood. No obstante, a pesar de llevar más de cuarenta años viviendo en un monasterio budista perdido en el Himalaya, Matthieu Ricard no ha dejado de colaborar en sus proyectos humanitarios y en las investigaciones científicas que tratan de determinar cómo influye la meditación en nuestra biología y qué beneficios tiene en nuestra salud. Por ejemplo, hoy sabemos que estimula el sistema inmunológico, regula la bioquímica relacionada con los niveles de estrés, disminuye los procesos inflamatorios o transforma a largo plazo la estructura de nuestro cerebro.
Para los más escépticos, cabe recordar que todo esto no es ciencia ficción, al contrario, es algo tangible y real que la investigación científica a podido corroborar empíricamente y cuyos mecanismos la neurociencia está tratando de determinar. A lo largo de los siglos, el budismo ha desarrollado una metodología para entrar en la mente humana y lograr transformaciones reales en nuestra interioridad, lo cual tiene repercusiones en la arquitectura de nuestro cerebro y en nuestra salud física y psicológica.
¿QUÉ ENSEÑA?

Un pequeño resumen de algunas de las cosas que dice Matthieu sería el siguiente:
1. MEDITAR ES CULTIVAR LA MENTE para pasar de un estado de confusión a un estado de conciencia. La meditación es la ciencia de la mente que nos permite despertar.
2. Pero cuando comenzamos a meditar, la mente se comporta como un MONO SALVAJE que salta de rama en rama (oscila todo el tiempo saltando de tema en tema). Se deja arrastrar fácilmente por toda clase de sensaciones, pensamientos y emociones que, en ocasiones, pueden ser negativos (un problema, un dolor, angustia, rencor, etc.).
3. Por suerte, con la práctica y con paciencia, aprendemos a comportarnos como un mero OBSERVADOR del teatro de nuestra conciencia, y nos damos cuenta de que los pensamientos y las emociones son pasajeros y se desvanecerse de manera natural. La clave está en darse cuenta de que nosotros no somos la ansiedad, la angustia o el rencor.  No debemos identificarnos con estos objetos mentales, simplemente los observamos.
4. La meditación, así, nos enseña a LIBERARNOS DE LOS VENENOS MENTALES y a generar estados de ánimo positivos. La mente se vuelve más clara y se presenta como un cielo despejado, o como un estanque tranquilo y transparente.
5. Es entonces cuando estamos preparados para cultivar la COMPASIÓN y el AMOR ALTRUISTA. Recuerda que los mamíferos somos seres afectivos, siendo además los humanos animales muy sociables. Esto explica que las meditaciones sobre el amor altruista y la compasión tengan repercusiones bioquímicas beneficiosas.
6. No terminan aquí las ventajas. Gracias a la meditación podrás ENFOCAR LA ATENCIÓN, GESTIONAR LAS EMOCIONES Y ELIMINAR LA CONFUSIÓN, para ver las cosas con mayor perspectiva y claridad.
7. Pero además, la meditación te enseña a adquirir PRESENCIA, es decir, a enfocar la atención en el instante presente, en vez de viajar mentalmente en el tiempo hacia un pasado que es imposible de cambiar o un futuro que todavía no existe.
8. Por supuesto, también tiene UN IMPACTO POSITIVO SOBRE NUESTRA FELICIDAD. Ahora bien, debes de saber que los budistas no entienden la felicidad como una sucesión interminable de placeres y deseos materiales que nunca terminan y que nos llevan al agotamiento. No, la felicidad es más bien una disposición interna de la mente y una forma de estar en el mundo junto a los demás.
9. A propósito de la felicidad, recuerda también algo muy importante: LA FELICIDAD EGOÍSTA NO FUNCIONA. Para que la formula de la felicidad funcione, es necesario incluir dentro a los otros. Esto nos cuesta de asimilar a los occidentales, pues hemos sido educados en la competencia y el individualismo.
10. Por último, brevemente señalar la necesidad de incluir todos estos aspectos en  LA EDUCACIÓN. La educación no puede consistir únicamente en inculcar conocimientos que hay que memorizar, ni debe contentarse únicamente con medir lo más puramente intelectual. Una verdadera educación también debe de cultivar la interioridad, fomentar valores como la bondad y la compasión, potenciar las cualidades individuales, y también proporcionar las herramientas necesarias para alcanzar el equilibrio y la felicidad.

Recuerda las palabras clave: MEDITAR, MENTE-MONO, OBSERVACIÓN, PENSAMIENTOS, EMOCIONES, COMPASIÓN, ATENCIÓN, CLARIDAD, PRESENCIA, FELICIDAD, EDUCACIÓN.


Eduardo Vicente Navarro

Artículos que también te pueden interesar:






domingo, 16 de noviembre de 2014

EL ARTE DE DOMINAR AL TIGRE




EL ARTE DE DOMINAR AL TIGRE
Franz Marc, The Tiger, 1912.
     Si buscamos la felicidad fuera de nosotros buscamos en lugar equivocado
     Por mucha que sea la variedad que introduzcamos en nuestra experiencia, incluso viajando a muchos lugares distintos, seguiremos viéndolo todo con los mismos ojos. Es nuestro modo de pensar y de sentir lo que colorea nuestra percepción del mundo.
     Si intentamos cambiar el mundo para adaptarlo a nuestras expectativas y preferencias, estamos destinados a fracasar. Cuando llueve no podemos hacer que brille el sol sólo con desearlo, pero podemos trabajar aquella parte de nosotros que se siente molesta por la lluvia. Esto no quiere decir que necesitemos una nueva personalidad; ya tenemos una. Lo que necesitamos es un espejo que nos muestre con precisión quiénes somos y qué partes de nosotros mejorarían si las trabajásemos.
     Quizá hemos reunido una colección de máscaras, una diferente para cada situación, pero nunca hemos examinado realmente nuestra verdadera cara porque en cierto modo estamos demasiado cerca de ella para verla claramente. Lo que solemos hacer es mirar a los demás, y cuando vemos una cara bonita esperamos que esa sea también nuestra apariencia.
     A veces, sin embargo, la máscara resbala u olvidamos ponérnosla y entonces vislumbramos nuestra verdadera personalidad. En general nos resulta tan doloroso que no podemos soportarlo y tenemos que taparnos de nuevo con la máxima rapidez. Estamos tan acostumbrados a tratar de cambiar las cosas que ni siquiera podemos aceptarnos tal y como somos. Mientras tanto, bajo la máscara, nuestra verdadera cara se va descomponiendo por falta de aire y luz, porque nunca nos hemos propuesto limpiarla bien.
Drama Arya Akong Rimpoché
     

jueves, 30 de octubre de 2014

ESPACIOS SIN LIBERTAD





George Tooker, The Subway, 1950.

    En este inquietante The Subway, George Tooker retrata la angustia y la deshumanización de la vida moderna, el aislamiento social y la normalización del individuo alienado por dispositivos de poder y arquitecturas disciplinarias que impiden el ejercicio de la libertad y la expresión de la singularidad única de la que cada ser humano es poseedor. Pero no es en este espacio sin libertad el único lugar donde Tooker retrata la clasificación ordenada y conducida de las subjetividades fabricadas de manera idéntica: en salas de espera (The Waiting Room, 1959), en oficinas gubernamentales (Government Bureau, 1956), en los pasillos subterráneos del metro (The Subway, 1950), en el supermercado (The Supermarket, 1972), en hospitales (Ward, 1970), en restaurantes (Lunch, 1964), etc., en todos estos y otros espacios cotidianos aparece repetida la misma idea.


George Tooker, Government Bureau, 1956

     Resulta sospechoso el parecido que guardan todas estas arquitecturas que conforman nuestro espacio social. Este aire de familia que poseen instituciones como las prisones, escuelas, manicomios, hospitales, oficinas, fábricas, cuarteles, etc., no es fruto de la casualidad. Fue el filósofo francés Michel Foucault, en su famoso libro Vigilar y castigar (1975), el pensador que mejor consiguió establecer el perverso nexo de unión que compartían todas estas instituciones en apariencia inofensivas y neutrales. Todas estas instalaciones, en realidad, son dispositivos de dominación que forman parte de una compleja trama de poder que atraviesa toda la sociedad y de la cual nosotros mismos, como engranajes del sistema, somos también cómplices y víctimas al mismo tiempo. A estas arquitecturas especialmente diseñadas para clasificar, vigilar y, en definitiva, controlar la conducta y la forma de ser de los individuos, Foucault las llama "instituciones disciplinarias", "instituciones carcelarias",  e incluso "instituciones de secuestro".

George Tooker, Landscape with figures, 1966
George Tooker, Landscape with figures, 1966.
     El objetivo último de dichas instituciones, según Michel Foucault, y de la sociedad disciplinaria en su conjunto, consiste en la normalización de los individuos, es decir, que estamos ante una nueva forma de poder que tiene por misión la fabricación de subjetividades estandarizadas que, en el momento oportuno, podrán ser útilmente empleadas para servir a los propósitos económicos y políticos del sistema.


George Tooker, The Supermarket, 1972.

     No obstante, cabe destacar que, todas estas instituciones de encierro que conforman la sociedad disciplinaria, están actualmente en crisis. Esto se debe al hecho de que se está ya implantando un nuevo modelo de poder mucho más eficaz. En efecto, hoy nos encontramos inmersos en las llamadas sociedades de control, que utiliza tecnologías mucho más avanzadas que las descritas por Foucault en Vigilar y castigar. Hemos pasado de las sociedades disciplinarias a las llamadas sociedades de control. Por eso las instituciones disciplinarias tradicionales (escuelas, cárceles, hospitales, fábricas, etc.) son instituciones en crisis alrededor de las cuales se dan ya "luchas de retaguardia" antes de pasar a su  desmantelamiento final. Mientras tanto, lo que se está implementando a escala global es el control sin encierro, y a distancia, a través de las nuevas tecnologías de la información. A través de los dispositivos móviles, de los medios de comunicación de masas, de las redes sociales, de nuestros movimientos bancarios, etc., se puede controlar a los individuos y a la población sin que éstos sospechen demasiado acerca de la vulneración de sus derechos y libertades.



Eduardo Vicente Navarro



jueves, 23 de octubre de 2014

INTELIGENCIA ECOLÓGICA: REGRESAR A LA NATURALEZA.


inteligencia ecológica naturaleza
Paul Gauguin, Arearea, 1892.
 "... y aromas que nadan
desde las tardes amarillentas del mar,
en las que el corazón se atemoriza,
como si recordara islas olvidadas,
donde en tiempos se demoraba,
donde hubiera debido demorarse
eternamente"
(Nietzsche).

REGRESAR A LA NATURALEZA

     La inteligencia ecológica es la capacidad de relacionarse con la Naturaleza siendo conscientes y sensibles hacia todo aquello que la pueda dañar. Por tanto, implica tomar decisiones y realizar acciones teniendo en cuenta el impacto que producen sobre el medio ambiente. Pero desarrollar la inteligencia ecológica no resulta tan sencillo como quizá puede parecer a primera vista. Es necesario poseer ciertos conocimientos y desarrollar una serie de hábitos y prácticas que se deberían adquirir desde la primera infancia.
      La inteligencia ecológica es volver a sentir respeto por la Naturaleza y comprender que somos los hijos de la Tierra. Todos los organismos vivientes formamos parte de la Naturaleza, y la especie humana no es una excepción. El desprecio humano por la biodiversidad y la destrucción de las condiciones de vida del planeta reflejan una ignorancia ecológica sin precedentes que nos aboca a la desaparición.
     En el pasado, antes del desarrollo de la ciencia y la tecnología, y sobre todo a partir de la revolución industrial y la explosión demográfica, antes de esto, no era necesaria la educación en inteligencia ecológica, pues la Humanidad ya poseía una sabiduría ancestral centrada en el respecto hacia la Naturaleza. Estos pueblos, que en la actualidad todavía existen acaso como ecos del pasado, reducidos y transformados en una caricatura de lo que antaño fueron, estos pueblos "primitivos", consideraban que la Naturaleza era sagrada y toda su cultura se regía por el respeto y la armonía para con la Madre Tierra. Pero hace no tantos siglos, se produjo un cambio en el estilo de pensamiento occidental (cambio de paradigma) que partió en dos la historia y el destino de la Humanidad: a partir del siglo XVI aproximadamente el ser humano occidental considera que la madre Naturaleza es susceptible de ser violada y sus recursos explotados ilimitadamente en el nombre del progreso y para el bienestar humano.
     Especialmente interesante al respecto es el testimonio que nos dejan pensadores y científicos como Maquiavelo, Bacon, Galileo, Descartes o Newton, etc., todos ellos dejaron en sus escritos expresiones escalofriantes que son buena muestra del cambio de paradigma que estaba operando por aquella época: la Naturaleza es una damisela esquiva o una prostituta que debe ser forzada, penetrada, dominada, etc., para desentrañar  sus misterios y explotar sus recursos en nombre de la ciencia y para el progreso humano. Para ampliar la información sobre las metáforas sexistas en el nacimiento de la ciencia moderna es recomendable consultar la obra de la filósofa feminista Sara Harding.


 LA CIVILIZACIÓN TÓXICA


EXTRATERRESTRES ECOLOGÍA
Unos hipotéticos extraterrestres que visitaran la Tierra,
se reirían de nuestra absoluta falta de inteligencia ecológica.
     Este simple gesto, este cambio desde la concepción sagrada de la Tierra a la concepción de dominio y explotación de la Naturaleza (es decir, a la consideración de que el ser humano occidental está por encima y contra la Naturaleza), nos ha llevado en la actualidad a una crisis ecológica sin precedentes. El ser humano ha pasado, en unos cuantos siglos, de vivir en contacto directo con su entorno natural, a vivir en entornos artificiales altamente contaminados. La proliferación por todo el planeta de grandes ciudades es una buena muestra de ello. Tan pronto como se asienta el hombre en un lugar, los paisajes naturales son asfaltados, como si la Naturaleza fuese algo incómodo para el hombre.
     Vivimos inmersos en una civilización tóxica. Nos desarrollamos en ambientes tóxicos de los que no somos plenamente conscientes. Moriremos asfixiados por el hedor de nuestros propios desperdicios. La contaminación ambiental de las multinacionales petroquímicas, la contaminación electromagnética, la intoxicación a la que nos somete la industria cosmética, la pérdida de la biodiversidad, la explotación de los océanos, la aceleración del cambio climático, los desechos del consumismo materialista, etc., son sólo algunos pocos problemas a los cuales nos enfrentamos.
     La mayor parte de las veces no nos percatamos siquiera de la exposición tóxica a la que estamos sometidos, incluso en nuestros propios hogares. No estamos sensibilizados ni sabemos evitar la contaminación física y mental en la que nos encontramos sumergidos. La inmensa mayoría de la gente no ha sido informada ni sabe acerca de, por ejemplo, los peligros de la contaminación electromagnética, o de las sustancias sintéticas tóxicas (como el BPA de los plásticos, el aluminium chlorohydrate de los desodorantes, el sodium laureth sulfate de los geles, el revestimiento de teflón de las sartenes, etc.), o ni siquiera somos por lo general conscientes de la importancia de realizar un consumo responsable o del compromiso con las energías renovables. Etcétera.
     En este sentido, poseer inteligencia ecológica requiere que estemos informados y sensibilizados acerca de una serie de problemas. En su libro Inteligencia ecológica, Daniel Goleman pone precisamente el acento en la necesidad, por parte de la industria y del consumidor, de contar con toda la información ecológica y actuar en consecuencia. Según Goleman, la ecología industrial tendría que analizar científicamente todas y cada una de las sustancias que componen un producto, en un afán de transparencia radical en el etiquetado, y luego incluso se le podría otorgar a dicho producto una puntuación de acuerdo con criterios ecológicos y de comercio justo. Dicha puntuación visible para el consumidor nos advertiría de las sustancias problemáticas para nuestra salud, de la toxicidad para el medio ambiente, de la huella ecológica que supone para el planeta, de las condiciones laborales de los trabajadores que han manufacturado el producto, de los procesos industriales de fabricación, del envase utilizado para contener el producto, de la contaminación que supone el transporte de los productos, etc.
     Esto supondría, según Goleman, una transformación radical del mercado, ya que los fabricantes que no adaptaran sus productos a criterios ético-ecológicos perderían clientes y sus productos no se venderían, y, por consiguiente, esas empresas terminarían desapareciendo porque sus productos ya no serían competitivos. De hecho, los artículos de venta con mala puntuación ecológica se encarecerían, mientras que la gama de artículos de las empresas responsables con la salud y el medio ambiente, venderían  sus productos con mayor facilidad y a menor precio, gracias a la mayor demanda.
     Por su parte, autores como Jim Merkel defienden algo muy distinto, a saber, una simplificación radical de la vida que traería consigo un consumo mínimo, pues a menor consumo menor sería el impacto medioambiental que causaríamos al planeta (huella ecológica); lo verdaderamente ecológico es consumir lo mínimo y centrarse en la satisfacción de las necesidades básicas.
     Estas propuestas, la demasiado complaciente con el capitalismo consumista de Goleman, y la acaso demasiado utópica de Merkel, no son las únicas alternativas posibles. La propuesta de Christian Felber de crear una economía del bien común, también vendría a decir que las empresas que cumplan criterios ecológicos, éticos y democráticos serán incentivadas, mientras que las empresas que contaminen el medio ambiente, exploten a sus trabajadores y no contribuyan al bien común serán sancionadas.


CONCLUSIÓN

     Adquirir una activa sensibilidad ecológica es uno de los grandes retos para salvaguardar el futuro de la especie humana. Precisamente por eso es tan importante una educación y un desarrollo de nuestra inteligencia ecológica. La crisis ecológica a la que la civilización tóxica nos ha conducido requiere de un desarrollo de la conciencia ecológica. Resulta absurdo insistir en la destrucción de las condiciones de posibilidad de la propia vida en aras de ningún ideal de civilización o en nombre del progreso y el superávit económico. Hay que regresar a una cosmovisión de la Naturaleza como madre Tierra sagrada para nosotros. En vez de seguir manteniendo una actitud hostil contra nuestro propio hogar, el ser humano debe aprender a mantener un equilibrio armónico con su entorno y comprender que formamos parte de la Naturaleza. Actualmente, toda alternativa para pensar el mundo de otra manera tendrá que ser ecológica. El futuro será verde o no lo será en absoluto.

 Eduardo Vicente Navarro


ARTÍCULOS RELACIONADOS:
- Inteligencia ecológica versus civilización tóxica.
- Evitar la contaminación física y mental.
- La contaminación electromagnética.
 

jueves, 25 de septiembre de 2014

EL LADO OSCURO DE LA EDUCACIÓN


George Tooker, Landscape with figures, 1966
George Tooker, Landscape with figures, 1966.


    En este inquietante Paisaje con figuras, George Tooker retrata la angustia y la deshumanización de la vida moderna, el aislamiento social y la normalización del individuo alienado por dispositivos de poder y arquitecturas disciplinarias que impiden el ejercicio de la libertad y la expresión de la singularidad única de la que cada ser humano es poseedor. Pero no es en estos habitáculos estancos en los únicos lugares donde Tooker retrata la clasificación ordenada y conducida de las subjetividades fabricadas de manera idéntica: en salas de espera (The Waiting Room, 1959), en oficinas gubernamentales (Government Bureau, 1956), en los pasillos subterráneos del metro (The Subway, 1950), en el supermercado (The Supermarket, 1972), en hospitales (Ward, 1970), en restaurantes (Lunch, 1964), etc., en todos estos y otros espacios cotidianos aparece repetida la misma idea.
     Resulta sospechoso el parecido que guardan todas estas arquitecturas que conforman nuestro espacio social. Este aire de familia que poseen instituciones como las prisones, escuelas, manicomios, hospitales, oficinas, fábricas, cuarteles, etc., no es fruto de la casualidad. Fue el filósofo francés Michel Foucault, en su famoso libro Vigilar y castigar (1975), el pensador que mejor consiguió establecer el perverso nexo de unión que compartían todas estas instituciones en apariencia inofensivas y neutrales. Todas estas instalaciones, en realidad, son dispositivos de dominación que forman parte de una compleja trama de poder que atraviesa toda la sociedad y de la cual nosotros mismos, como engranajes del sistema, somos también cómplices y víctimas al mismo tiempo. A estas arquitecturas especialmente diseñadas para clasificar, vigilar y, en definitiva, controlar la conducta y la forma de ser de los individuos, Foucault las llama "instituciones disciplinarias", "instituciones carcelarias",  e incluso "instituciones de secuestro".
     El objetivo último de dichas instituciones y de la sociedad disciplinaria en su conjunto --por si el lector todavía no lo había deducido--, consiste en la normalización de los individuos, es decir, que estamos ante una nueva forma de poder que tiene por misión la fabricación de subjetividades estandarizadas que, en el momento oportuno, podrán ser útilmente empleadas para servir a los propósitos económicos y políticos del sistema. Pero no adelantemos acontecimientos. Sirva lo dicho hasta el momento acaso como aperitivo. A continuación vamos a tratar de implementar la tesis de Foucault en el ámbito de la educación.


LAS ESCUELAS COMO INSTITUCIONES DISCIPLINARIAS DE NORMALIZACIÓN.

Pink Floyd
We don't need no education. We don't need no thought control. No dark sarcasm in the classroom.
Teachers leave them kids alone. Hey! Teachers! Leave them kids alone!
All in all it's just another brick in the wall. All in all you're just another brick in the wall.

     Como la cara oculta de la Luna --esa parte no observable desde nuestro planeta--, también en la educación existe un lado oscuro, e incluso perverso, del cual no somos siempre conscientes o acaso preferimos olvidar. Tendemos a pensar, en efecto, que la educación es ese derecho humano fundamental sin el cual los individuos no se constituyen como personas y las naciones no caminan por la senda del progreso. Asimismo, los educadores son concebidos como esos honorables funcionarios que contribuyen a la mejor de las causas posibles. En este sentido, los centros educativos de diversa índole (guarderías, escuelas, universidades), son espacios inocuos donde acuden discípulos de todas las edades, con una aceptable predisposición, para labrarse un futuro provechoso.
     Pero esta visión benévola de la educación y de sus instituciones no es la única interpretación posible. Han habido, en efecto, conocidas denuncias sociales e investigaciones de diversa índole que han puesto en entredicho la legitimidad misma de la educación tal y como se ha venido practicando. Un ejemplo de ello lo podemos encontrar en el grupo Pink Floyd y su famosa canción Another brick in the wall (compuesta por Roger Waters e incluida en 1979 en el álbum The Wall), donde la educación es retratada como una despiadada máquina de fabricar, a través de la dominación y el control mental, individuos disciplinados y normalizados que, a la postre, no serán otra cosa que un ladrillo más de un inmeso muro.
     A tesis similares --como ya apunté-- llegó en Vigilar y castigar el filósofo francés Michel Foucault. En el mencionado libro, Foucault documenta ampliamente, con su peculiar forma de analizar las sombras de la historia, la gestación e instauración de una nueva forma de poder que, casi insensiblemente, se ha ido extendiendo como un red por toda la sociedad. Y dentro de esta telaraña de poder que dibuja Foucualt, cobran una especial relevancia para el análisis ciertas instituciones como la escuela, el hospital, la prisión, el psiquiátrico, el asilo, el orfanato, la fábrica, el cuartel, etc. Foucault ve en la morfología y el funcionamiento de estas instituciones la plasmación de un nuevo tipo de poder que cabe desenmascarar.
     Estos espacios disciplinarios son dispositivos en los que el poder se ejerce de múltiples maneras. Se lleva a cabo una distribución espacial de los sujetos en lugares cerrados y de una determinada manera. Se realiza una clasificación racional de los individuos y se les ubica según la función que les corresponde, con el objetivo de evitar la circulación caótica y peligrosa de las masas. Se somete a cada uno de los sujetos a una visibilidad permanente que los convierte en objetos de conocimiento, y se observa en ellos cada uno de los detalles de su conducta para que no se desvíen de los parámetros establecidos. Se lleva a cabo una estricta división del tiempo para conformar horarios que garanticen el máximo rendimiento; o dicho de otra manera, se establece un celoso control sobre el tiempo como herramienta de coacción imprescindible en la fabricación de sujetos dóciles y disciplinados. Se subordina a los individuos a una cadena jerárquica de mando y a un reglamento cuyo incumplimiento trae consigo una serie de sanciones disciplinarias que corrigen la conducta de acuerdo con la normalidad vigente. Se obliga a los individuos a someterse constantemente a exámeneses decir, a procedimientos disciplinarios de normalización cuyo objetivo consiste en vigilar, clasificar y castigar. Se compara a cada uno de los individuos con todos los demás en aras de detectar desviaciones intelectuales o de la personalidad. Se transforma a cada una de las personas en un expediente o "caso"; o lo que es lo mismo, se introduce al individuo en una red de escritura que lo capta y lo inmoviliza, que lo diagnostica y etiqueta, que lo evalúa y lo clasifica. Etcétera.
     Todos estos procedimientos disciplinarios, junto con otros que no hemos nombrado, se experimentan de manera cotidiana en colegios e institutos (además de en otras instituciones ya mencionadas). En las escuelas los alumnos y alumnas permanecen encerrados de manera forzosa y distribuidos en "celdas colectivas" (espacios abstractos casi idénticos) donde se los agrupa convenientemente. Desde la más tierna edad tendrán que adaptarse a unos horarios cada vez más prolongados y estrictos, similares a las jornadas laborales de sus progenitores, que en el futuro reproducirán. Las inquietudes extraescolares son consideradas, en el mejor de los casos, como absurdas distracciones de lo verdaderamente importante. El tiempo libre, reducido a la mínima expresión, es percibido en verdad como una peligrosa pérdida de tiempo que requiere de una especial vigilancia por parte de los funcionarios de turno. El alumnado, asimismo, tiene la obligación de estar permanentemente localizado: tendrá que estar a la hora precisa en el lugar indicado de acuerdo con un horario preestablecido. Los intercambios entre clase y clase tienen que ejecutarse, acompañados de órdenes y señales sonoras, con la menor demora posible. Mediante cámaras de vigilancia se arroja luz sobre los puntos ciegos, especialmente en los corredores y en los lugares más conflictivos. Los profesores deben hacer de guardianes y organizarse estratégicamente contra el alumnado, es decir, contra el enemigo; misión ésta importante que será recordada con insistencia por parte de la jerarquía de mando, utilizando para ello un lenguaje belicista, en los claustros y otras reuniones.
     En este sentido, especialmente importante será el cumplimiento del reglamento, las normas "para la convivencia" (expresión cuanto menos curiosa); su incumplimiento desencadenará una serie de sanciones disciplinarias, en las que a veces se pone en juego incluso el amor de los padres como medida de coacción. A través del ritual del poder y del saber que son los exámenes, el cuerpo y la mente de los alumnos son sometidos a la docilidad y a la disciplina más que en ningún otro momento: forzados a una especial vigilancia silenciosa, estacados en sus pupitres, reproducirán mediante la voz o la escritura las enseñanzas recibidas. Gracias a estas evaluaciones se podrá llevar a cabo una comparación de cada uno de los alumnos para con el resto, y de todos y cada uno para con el criterio de normalidad establecido. Los alumnos que no superen las pruebas podrán ser calificados, por no decir insultados, con apelativos tales como "muy deficiente", y al final del curso, el equipo docente podrá decidir si el alumno o alumna tiene que "repetir curso". Imprescindible para el funcionamiento de este lugar disciplinario de encierro, será el convertir a cada alumno en un caso o un historial al que se podrá recurrir en el lugar y el momento oportuno, acaso para poder predecir su trayectoria y corregir sus desviaciones. Especial importancia reviste para el poder insertar a los individuos, en este caso alumnos, en el campo documental, pues ello convierte a los sujetos en objetos de conocimiento y observación; los alumnos y alumnas quedan, así, disecados entre columnas y cuadros, descritos a través de notaciones y registros que son capaces incluso de bautizarlos como "buenas" o "malas" personas.
     Llegado este punto, se hace cada vez más difícil diferencial entre una escuela y una prisión. Pero vamos a ver si analizando mejor el concepto de vigilancia podemos llegar a una comprensión más clara.



LA VIGILANCIA PERMANENTE.

Vigilar y castigar
La vigilancia permanente garantiza el control sobre la conducta del sujeto.
      Una de las características fundamentales de estas instituciones, y de la sociedad disciplinaria en general, será la vigilancia. La visibilidad a la que es sometido el sujeto es una nueva forma de control. Ya no se trata ahora de encerrar en una celda oscura a un individuo para que permanezca oculto, sino que ahora se trata de arrojar luz y permanente visibilidad, gracias a lo cual se puede controlar mucho mejor la conducta del sujeto hasta en sus más sutiles detalles. La visibilidad entonces, como dice Foucault, se convierte en una trampa; la soledad del sujeto queda secuestrada y observada a cada punto. De hecho, los individuos que permanecen bajo vigilancia en las diferentes instituciones (ya sea una prisión, una escuela o una fábrica) interiorizan la posibilidad misma de estar siendo observados, de tal modo que regulan automáticamente su comportamiento, se autoinflingen disciplina, se tornan dóciles. Al ser vistos, pero sin poder ver quién los mira, el poder es automáticamente introyectado. En este sentido, Foucault habla de sociedades de la vigilancia, en las cuales una gran multitud de individuos pierden su intimidad bajo la mirada de los dispositivos de poder.
     Esta nueva técnica de control a través de la vigilancia constante en el interior de edificios con arquitecturas específicamente diseñadas para tal efecto, esta nueva modalidad de poder, fue ya concebida por el filósofo utilitarista Jeremy Bentham (1748-1832), tal y como aparece en su libro Panóptico. El término "panóptico" (pan=todo y óptico=visión) hace referencia a la mirada constante sobre los individuos desde un punto estratégico de vigilancia, de tal manera que los sujetos siempre se saben observados, pero ellos mismos no pueden ver a los vigilantes, de tal suerte que finalmente terminan por interiorizar la coacción de la mirada.


En esta imagen se representa una versión moderna del Panóptico.
     Originalmente, la idea de Bentham fue pensada para aplicarse en el diseño de las cárceles, como un invento revolucionario para el sistema penitenciario. Pero pronto se dio cuenta de que también podía aplicarse en otras instituciones. Y precisamente eso fue lo que ocurrió con el transcurso del tiempo. Actualmente, como señala Foucault, "estamos en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder que prolongamos nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes" (ob. cit., p. 315). Y se pregunta: "¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?" (ob. cit., p. 328).
     Ciertamente, no es de extrañar. No es una casualidad el aire de familia que poseen gran número de instituciones que conforman nuestra sociedad. Así que, cuando los alumnos y alumnas se quejan y dicen "esto parece una cárcel" (refiriéndose a la escuela), en realidad, esta afirmación es mucho más acertada de lo que suponen. Como señala el propio Foucault, la prisión será el modelo a partir del cual el resto de instituciones de encierro se configurarán: "la prisión no está sola, sino ligada a toda una serie de dispositivos carcelarios, que son en apariencia muy distintos, pero que tienden todos como ella a ejercer un poder de normalización..." (ob. cit., . 442).
     Por cierto que, actualmente, y con esto termino, ya nos encontramos insertos en otro modelo de sociedad que utiliza tecnologías de control mucho más avanzadas que las descritas por Foucault en Vigilar y castigar. Hemos pasado de las sociedades disciplinarias a las llamadas sociedades de control. Por eso las instituciones disciplinarias tradicionales (escuelas, cárceles, hospitales, fábricas, etc.) son instituciones en crisis alrededor de las cuales se dan ya "luchas de retaguardia" antes de pasar a su  desmantelamiento final. Mientras tanto, lo que se está implementando a escala global es el control sin encierro, y a distancia, a través de las nuevas tecnologías de la información...



A MODO DE CONCLUSIÓN

     No he tratado en este artículo de rechazar toda educación posible o a la educación en sí. Pero no cabe duda de que existen perversos mecanismos disciplinarios inherentes a la educación tal y como se está impartiendo en la actualidad. No cabe duda tampoco de que acaso uno de sus objetivos más importantes consiste en la normalización, es decir: en la fabricación de subjetividades estandarizadas a través de la aplicación de diversos mecanismos disciplinarios (vigilancia, sanciones, exámenes, expedientes, castigos, etc.), dispositivos persistentes del poder que, sostenidos de manera constante en el tiempo, consiguen someter finalmente a todos al mismo modelo de subordinación.
     La cuestión que debemos plantearnos entonces es la siguiente. ¿Es la normalización disciplinaria inherente a la educación  compatible con el amor por el conocimiento y la creatividad humana que se manifiesta en nuestra especie desde el nacimiento mismo? Me temo que, ambos aspectos, amor por el conocimiento y creatividad, son pilares tan fundamentales, que sin ellos difícilmente podemos hablar de una verdadera educación. Por consiguiente, si pretendemos construir otro modelo de educación, el primer paso será liberar a la educación de las cárceles en las que tanto alumnos como profesores nos encontramos encerrados, y desactivar todos los dispositivos disciplinarios que atentan contra la libertad y la dignidad de los alumnos y los profesores, pues en realidad todos somos cómplices del mismo juego del poder.
     En cualquier caso, no es mi intención en este momento el especular acerca de las características de un nuevo modelo educativo. Sería ésta, sin duda, una tarea muy compleja, pues considero que debería de ser una educación diametralmente opuesta a la actual. Ahora tan sólo he pretendido mostrar que un primer paso debería de consistir en desactivar los dispositivos disciplinarios de normalización y crear líneas de resistencia que nos permitan expresar con creatividad nuestra singularidad. O dicho en positivo: una de las condiciones de posibilidad para una nueva educación es el aprendizaje en libertad, siendo la libertad la posibilidad de construir cada uno de nosotros nuestra propia subjetividad.


Eduardo Vicente Navarro